Opinión

[OPINIÓN] Jugando a ser Turista

El Heraldo Austral

Camino hacia la cubierta de un barco, lista para navegar en un lago calmo, me siento en un pequeño banco mirando el horizonte que se presenta ante mis ojos y me maravillo de lo que  veo, el lago y sus volcanes, el sol que ilumina con todo su esplendor haciendo que el verde de sus orillas compitan en belleza.

La cubierta de este barco es magnifica con los detalles de barcos antiguos, pisos de madera nativa, cuidados y firmes, sus barandas llegando hasta la proa me dan la seguridad de andar confiada y tranquila. Camino hacia la cabina del capitán, tengo la sensación de estar navegando de verdad, veo el agua cristalina a los costados del barco y pienso: ¿Cómo serian los viajes de esa época en que todo el contacto que existía era a través del lago?, sigo mi paseo y me dispongo a bajar de la cubierta para descubrir que hay en el interior.

Bajo una escalera… todo se ilumina de reflejos y luces que provoca el sol y el agua entrando por los ventanales que rodean la bodega, estoy semi sumergida en el agua, siento quietud, calma, es un lugar amplio con hermosas vitrinas, llenas de reliquias dejadas por mujeres y hombres que alguna vez surcaron estas aguas y que hoy admiro.

Mi asombro aumenta al descubrir que desde el piso emerge un esqueleto enorme de fierro oxidado, miro con atención y curiosidad y descubro que son los restos de un barco que alguna vez navegó con dignidad y orgullo.

Se acerca  una persona, me dice que es el guía, le pido llena de curiosidad, que me cuente la historia de este barco y de todo lo que contiene. El me narra una historia increíble de colonos alemanes que llegaron llenos de ilusiones y proyectos pero que tuvieron que lidiar con una naturaleza soberbia, brava y fría.

Historias increíbles que no conocía, que escucho con la mente abierta para sentir que navego como en esos tiempos. Agradezco al amable guía. Quedo en silencio mirando el lago felicitándome de haber tomado estas magnificas vacaciones en esta maravillosa ciudad.

Valió la pena el largo viaje.

Ruth Igor Kunstmann, Noviembre 2014