• 08 de Febrero

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Durante la realización de jornadas de dolor en Puerto Varas: Especialistas afirman que la patología de dolor crónico debe considerarse como un problema de preocupación sanitaria

La ACHED realizó jornadas de formación en dolor con la asistencia de forma virtual como presencial de cerca de 450 profesionales del área de la salud para formarse en el manejo del dolor crónico no oncológico y en cuidados paliativos.


Con la asistencia de más de 450 profesionales de distintas especialidades del área de la salud se realizó en Puerto Varas, las Jornadas Educativas de Dolor crónico no oncológico y Cuidados Paliativos organizadas por la Asociación Chilena del Estudio del Dolor y Cuidados Paliativos (Ached-CP), con el objetivo de formar y capacitar al profesional médico para abordar la patología desde un diagnóstico oportuno, investigación sobre prevalencia en Chile y acceso a tratamientos que permitan mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Los especialistas expusieron temas como: dolor crónico no oncológico y los cambios en el sistema de salud en Chile, ley de cuidados paliativos, consideraciones a la hora de prescribir un medicamento, dolor crónico infantil y sobre todo, cómo el modelo de atención debe estar centrado en la valoración de las personas y su calidad de vida.

En el encuentro los profesionales de la salud integrantes de ACHED-CP enfatizan que la patología debe considerarse como un problema de preocupación sanitaria dado que tiende a confundirse como un simple dolor que puede generar la automedicación en quienes la padecen y es por esto, que realizaron una nueva jornada de dolor crónico para analizar el abordaje y principales desafíos para el país.

En el marco de la actividad educativa, el doctor Carlos Aguayo, médico anestesiólogo y presidente de ACHED-CP mencionó que “uno de los primeros y urgentes desafíos es contar con un marco legal que asegure la atención en salud para un manejo adecuado de los pacientes. Por otro lado, contar con equipos multidisciplinarios, idealmente agrupados en unidades de dolor crónico a nivel nacional que puedan evaluar, diagnósticar y tratar a cada persona según sus afecciones ya que no existen pacientes idénticos en esta patología. Por último, se requiere de más profesionales médicos y de infraestructura para abordar de la mejor manera la enfermedad”.

Otro de los temas que se discutieron en las jornadas educativas son los cambios que se han realizado en el actual sistema de salud para tratar el dolor crónico. Respecto de este tema, el doctor Aguayo durante el congreso afirmó que “en los últimos años se ha ido logrando hacer conciencia acerca de la importancia que tiene el dolor crónico desde el punto de vista epidemiológico ya que tiene una alta incidencia a nivel de la población y tiene un gran impacto en el costo público. Pero el mayor avance ha sido que hoy se esté discutiendo en el Congreso una ley de fibromialgia y dolor crónico, por lo que esperamos que esta ley nos permita entregar varios temas enfocados en el paciente”.

Sumado a lo anterior, se profundizó sobre la situación de Chile con el resto de Latinoamérica. Para ello, una de las expositoras internacionales, la doctora Argelia Lara, jefe del departamento de Medicina del Dolor y Paliativa del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutricion Salvador Zubirán en Ciudad de México, durante su exposición destacó los avances que ha tenido el país para tratar el dolor crónico.

Si bien cada sistema de salud tiene sus propias complejidades y aún falta por mejorar el abordaje del dolor crónico en Latinoamérica,  Chile en comparación con el resto de los países de la región, ha avanzado en lo educativo, en capacitar a los profesionales de la salud, he podido ver cómo los médicos chilenos no sólo están implicados en el manejo sino también en mantenerse actualizados para así mejorar la atención al paciente y sobre todo, en la detección temprana de la patología y en el acceso a nuevos tratamientos que permitan mejorar la calidad de vida del paciente”, comenta.

Sobre los principales impactos en los pacientes con dolor crónico, la doctora Delia Ruiz fisiatra y vicepresidente de ACHED-CP, explica que “desde el punto de vista emocional, las personas afectadas por esta patología se sienten algo estigmatizadas no sólo por parte de los médicos, sino que también desde el ámbito familiar. Esto ya que toda la rutina diaria se torna en base al dolor, lo que genera síntomas como ansiedad, frustración y cuadros depresivos al no poder manejar la afección. Desde lo físico, el paciente se vuelve disfuncional con limitación incluso en sus actividades básica de la vida diaria”

PATOLOGÍA CON ALTA PREVALENCIA EN CHILE

El dolor, por lo general, es reconocido como una señal de alarma que el cuerpo envía para protegerse. Sin embargo, cuando este se prolonga por tres meses o más, se considera crónico y deja de ser una medida de defensa para convertirse en una enfermedad que merma la calidad de vida de los pacientes.

En Chile, esta patología tiene una alta prevalencia: de acuerdo con una investigación de la Asociación Chilena del Estudio del Dolor y Cuidados Paliativos (Ached-CP), un 32% de la población del país padece dolor crónico no oncológico, un 60% presenta dolores moderados y, en el caso de cuadros severos, un 20% mantiene este tipo de dolencia. Por otro lado, el 44% de las personas que padecen la enfermedad presenta cuadros de dolor por más de un añoi.

Hoy en día, la Organización Mundial de la Salud (OMS) actualizó la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), incorporando conceptos que permiten clasificar el dolor crónico como una enfermedad en sí misma.

Esta nueva clasificación divide el dolor crónico en siete grupos: dolor crónico primario, dolor crónico por cáncer, dolor crónico postquirúrgico o postraumático, dolor crónico neuropático, dolor orofacial y cefalea, dolor visceral crónico y dolor músculo-esquelético. La primera implicación práctica es que define de forma separada dos entidades: el dolor crónico primario el cual se plantea como una enfermedad en sí misma; y el dolor crónico secundario, que es una entidad donde el dolor es una consecuencia  de una condición clínica subyacente.1

Por otro lado, padecer de dolor crónico se traduce en restricciones sociales y laborales, alteraciones cognitivas, emocionales y conductuales, con el consiguiente empeoramiento en la calidad de vida de los afectados.

En tanto, en el ámbito del trabajo, se demuestra que las licencias médicas por dolor crónico llegan a un 24% del total entregado. Esta cifra, expuesta por la Asociación Chilena para el Estudio del Dolor y Cuidados Paliativos (ACHED-CP), indica que:

  • 30% corresponde a trabajadores.
  • 60% a 70% a mujeres.
  • 46% a un grupo etario de 20 a 45 años.

Por último, los especialistas reconocen que la invisibilidad, desconocimiento y la falta de acceso (no es patología GES) han atentado contra la posibilidad de que las personas puedan acceder a eficaces y oportunos tratamientos disponibles para paliar y controlar esta enfermedad, recurriendo en muchos casos a prácticas riesgosas como la automedicación.