Opinión

[OPINIÓN] "Puerto Varas en Netflix" Por Pablo Hübner

El Heraldo Austral

La semana pasada se anuncia en la prensa la realización de la primera serie chilena para Netflix. El escenario, Puerto Varas, la capital del turismo del sur de Chile. La trama, el caso de Viviana Haeger.

El homicidio de Viviana Haeger conmocionó a todo Puerto Varas y el país. Desde el minuto en que se anuncia como desaparecida, 42 días después, cuando se encuentra el cuerpo en su casa, y luego, para todos los días que siguieron, entre la investigación judicial y su resultado. Lo más reciente, el rechazo por parte del Consejo de Defensa del Estado a la demanda que interpuso Jaime Anguita por los daños asociados al proceso judicial en que no se pudo comprobar su culpabilidad.

Cuando se publicó el libro Usted sabe Quién, de Rodrigo Fluxá, quien además ahora participa como guionista de esta nueva serie chilena para Netflix, tuve la oportunidad de leerlo. El libro se presenta como notas sobre el homicidio de Viviana Haeger. En su relato, basado en la lectura del expediente del caso, la escucha de más de 3 mil intervenciones telefónicas legales, entrevistas, la cobertura completa del juicio y más, se puede entender la delicada debilidad de la investigación policial en su conjunto, la astucia de Jaime Anguita en la ostentación de aparente ingenuidad, el impacto de la cuestión social y también, la ausencia de respuestas. Se puede entender el dolor de la familia y el rol de la justicia en su propósito más profundo, hacer justicia. Así también, se pueden entender, en parte, las fisuras que permiten que este caso permanezca sentenciado en un claro oscuro.

El libro de Rodrigo Fluxá relata un Puerto Varas silencioso y misterioso, con más neblina que nubes, en que el silencio, petrificado como helada de invierno, vive también en el canto de las bandurrias y en el sonido portazo de una realidad fatal. Los acontecimientos caminan por las veredas de la comuna, que son duras y grises entre sus páginas. Las explicaciones de cada paso abundan, pero no llenan ni cambian la suerte de los hechos.

Puerto Varas es el escenario de esta historia en Netflix. La capital del turismo del sur de Chile es una frase que suena ridícula al lado de esta realidad. La muerte de Viviana Haeger fue un golpe para toda la comunidad. La conmoción social tiene impactos en el tiempo, más aún cuando la percepción general no acusa el final de la historia. Los silencios del dolor son piedra en el frío y entre los muros de una casa cómoda y bonita, como la de Viviana, pasa lo que nunca debió pasar. Quienes viven acá hace años no olvidan ni olvidarán los días en que el centro de la comuna estaba marcado con los afiches con su rostro y la palabra: Se busca. Menos se olvidará cuando se anuncia que apareció y que estaba muerta.

Muchas veces he leído comentarios de personas que se burlan de Puerto Varas, como si este lugar fuera una realidad paralela al país. Puros cuicos y todos tienen un pony en su casa. La diversidad social romantizada en algún artículo de vivienda y decoración. El hedonismo de sabores, olores y colores, como esencia boutique de una cultura para la vida perfecta que no existe, pero se promueve.

Toda esta fanfarria de jolgorio comercial, entre ventas de parcelas y departamentos que dicen vivir como sueñas, naturaleza, humedales, rocío en los pies, contrasta con la historia que llega a Netflix y que tiene por escenario, Puerto Varas. Un lugar donde también pasan cosas que no deberían pasar, y que tal vez se podrían haber evitado con más presencia y con más realidad. Cerrar los ojos no cambia nada, callar es parte del problema.

Esta serie en Netflix provoca volver a las mismas preguntas. Lo que no se sabe se junta con lo que se cree. La confusión es sincera, sobre todo cuando la verdad es un intrincado de piezas que se juntan para separarse. Nadie tiene que morir así, pero no son las personas quienes deben decidir quién es culpable, es la justicia. Ya han pasado más de 10 años desde que apareció el cuerpo de Viviana Haeger en el segundo piso de su casa. ¿Se hizo justicia?

Por Pablo Hübner