Haciendo uso de mi derecho a usar la imaginación y vivir los sueños, he viajado cuatro mil años atrás en el tiempo hasta Sumeria. El motivo del viaje es encontrar a alguien con quien quiero conversar. Una vez dentro de la ciudad y tanto preguntar por “el poeta que escribe” me dicen al fin donde encontrarlo.
Lo veo venir por la callejuela con su falda de piel y su chal de mechones de lana de oveja. Me impresiona su porte digno y humilde al mismo tiempo. Su rostro de barba larga transmite paz y las huellas de los años se notan en las arrugas de su frente, cubierta parcialmente por un tocado de tela plegada. Me detengo frente a él y lo saludo.
--¡Que los dioses te acompañen! Me llamo Huelmino y vengo del otro lado del océano, mucho más allá de la montaña del Cedro.
-- Me llamo Nebucadrezar, sé bienvenido extranjero.
-- Quiero saber si es cierto que tú eres el que escribió la epopeya de Gilgamesh. En mi mundo, perdón, en mi tierra se dice que este poema es anónimo, nadie sabe quién lo escribió.
-- Yo lo he escrito. Con ayuda de mis escribanos, lo he escrito en nuestras tablillas de arcilla.
-- Ahh…Me gustaría saber…por qué lo hiciste.
--Bueno…este poema se conoce hace mucho. Forma parte de nuestras historias que se transmiten de padres a hijos. Pensé que era bueno escribirla, ahora que tenemos nuestro sistema de escritura, para propagar nuestro saber en el tiempo. Además, para nosotros los sumerios, Gilgamesh, nuestro antiguo rey de Uruk, fue un héroe legendario.
Siento que comienzo a emocionarme. Estoy frente al que inició con su tablilla, esta cadena que nos lleva hasta nuestra actual era digital. Que él, ha creado la primera obra de la literatura. Que ha construido la narración más antigua que se conoce. Que ha dejado este legado tremendo a través de su escritura cuneiforme, porque este poema es la epopeya más antigua de la humanidad. Pero no se lo puedo decir…. No entendería que vengo del futuro.
--¿Sabes? Cuando venía para acá tuve un sueño. No quiero que creas que estoy loco, pero en mi sueño, había un mundo de cuatro mil años en el futuro, con muchas personas que leían y te celebraban sin conocerte, porque como decía, tu poema no se sabía quién lo había escrito.
Me mira, desconcertado. Y creo que sí, que en el fondo de sus pupilas aparece la sospecha de que estoy loco.
--Te contaré mi sueño respetado Nebucadrezar. Dicen los sabios del futuro que tu poema de Gilgamesh, será la fuente de otros poemas como los llamados “homéricos”. Y también influirá en los escritos religiosos que vendrán. Esa historia tuya del diluvio, que pusiste en el poema es genial y te la copiarán.
--No es mérito mío. Forma parte de nuestro orgulloso pasado y de nuestras historias. Somos los herederos nada más.
--Bueno… pero Gilgamesh seguirá muy vigente en cuatro mil años más porque representa muy bien al ser humano. En este sueño que te cuento, lo valoran porque siempre se está equivocando, se mete con enemigos poderosos como la diosa Ishtar, la insulta, y más encima liquida al poderoso Toro del Cielo. Y cuando encuentra la clave para vivir eternamente joven, se la quita una serpiente.
Aquí a nuestro poeta y autor Nebucadrezar se le adivina una ligera sonrisa detrás de su larga barba.
--Se parece mucho al ser humano de todos los tiempos-- le digo--. Casi nunca alcanza su meta y como todos, tiene que aceptar la muerte y entender que solo los dioses son inmortales.
-- Y en este sueño tuyo ¿Huelmino me dijiste que te llamas? ¿Qué opinan de mis versos, de la composición?
-- Ehh… se leen muy bien… pero como algunas de las tablillas se han perdido, no se pueden leer completos.
Me mira, apesadumbrado.
--Hay versiones posteriores, que han ido reemplazando lo que falta…. Aquí su semblante cambia. Qué bruto he sido. A nadie le gusta que le cuenten que le van a remendar la obra.
Mi preocupación aumenta cuando veo llegar un par de soldados. Pero no es a mí a quién buscan.
--¡Nebucadrezar, el rey te llama!
Hasta allí llega la conversación. Nuestro poeta babilónico se despide de mí con una leve inclinación de cabeza, creo que aún molesto por lo último que dije y se dirige presto al encuentro del rey. O sea, tiene línea directa con el poder. Un privilegiado.
Porque muchas veces la literatura anda a encontronazos con la política.
En fin…vuelvo satisfecho de mi inmóvil viaje. Como dice Irene Vallejo, leer “es una maravilla cotidiana. Es a veces hablar con los muertos para sentirnos más vivos”.
“Olvida la muerte y busca la vida” es el mensaje de Gilgamesh.
Me alegro de haber cumplido con esta obligación, con este eterno pendiente. Es como el alivio del peregrino, que cumple con un viaje prometido a sí mismo, al que lo empujaba su fe.
Un abrazo de cuatro mil años a aquel o aquellos que iniciaron el camino.
Gracias por este regalo de lejanía.