Opinión

[OPINIÓN] ¿Después se podría reformar?

El Heraldo Austral

El 4 de septiembre no se vota en contra de nadie. No es una competencia entre franjas publicitarias. No es votar por lo “políticamente correcto” ni por partidos políticos. Es contestar en secreto: ¿Quiero que mis hijos y yo vivamos por muchos años de acuerdo a la propuesta?

La constitución actual ha incorporado numerosas modificaciones y permite seguir haciéndole cambios. Quienes hablan mal de ella probablemente nunca la han leído. Los diversos cambios que piden algunos ciudadanos son materias que puede resolver la ley, no constitucionales. No hubo ni hay ningún imperativo para reemplazarla. Funciona.

La propuesta fue preparada por quienes representan a una minoría que cree que el Estado debe dirigir a la sociedad, reduciendo la libre empresa a una mínima expresión. No fue hecha para incorporar otras ideas, las que podrían reducir el poder del Estado.

Frente a encuestas recientes que favorecen al rechazo, los partidarios del apruebo intentan convencernos que la propuesta es sólo una primera etapa de un diálogo que continuará: “Aprobar para reformar” dicen. Pero no es así: la propuesta es lo que está escrito. Todo o nada. No hay vuelta atrás: si se aprueba, será muy improbable modificarla por varios motivos:

1) Sus autores e impulsores no aceptaron indicaciones de sus pares de otras corrientes y no incorporaron las ideas que pidieron a la ciudadanía. ¿Por qué el gobierno lo haría de ganar el apruebo?

2) Cualquier modificación requeriría de mucho más trámite que modificar una ley bajo la constitución actual.

3) Una modificación a la constitución propuesta afectaría a todas las nuevas naciones a crear. Requeriría constituirlas, redactar y aprobar las leyes que establezcan como consultar a esas naciones y finalmente obtener el visto bueno de todas.

No es necesaria una nueva constitución. Aprobar la propuesta para a ver como resulta, sería imprudente. Mejor darse el tiempo para conocer las desastrosas consecuencias en otros países de implantar el control del Estado sobre sus ciudadanos. Todo sugiere que el camino más sensato es ir a votar y votar rechazo.

Thomas Poulos