Isabel Allende nos hace acompañar la historia de una mujer joven y extraordinaria en su incansable búsqueda por encontrar su identidad, seguirla en sus ansias de libertad y de curiosidad por ir tras lo que oculta el horizonte, en tiempos de severas restricciones sociales.
En este largo y peligroso viaje Emilia encontrará al fin algo más que sus raíces, descubrirá aquello que ya pugnaba por salir, para apoderarse de su vida, de darle sentido y transformación, de canalizar al fin su vocación y buscar su camino hacia la plenitud.
Estamos en San Francisco en 1866. Allí nace Emilia, producto de una relación pasajera entre su madre, casi monja y un aristócrata chileno de escasos escrúpulos. Guiada por su padrastro, un hombre más bueno que el pan, se irá transformando en una joven distinta, de mente abierta y muy precoz, a tal punto que sin salir de la adolescencia escribe sus propias novelitas de aventuras. Con ese talento, logrará ser admitida como reportera en el periódico de la ciudad.
Y esa es la llave que le abrirá las puertas al mundo. Los viajes la atraen como un imán. Irá a Nueva York y luego se las arregla para que la envíen a Chile a cubrir esa guerra civil, ya en desarrollo. Y allí, de paso poder encontrar a ese padre biológico y a la familia paterna, representante de la rancia aristocracia chilena.
La novela pone a la protagonista en un aciago momento histórico de Chile. Es histórica y costumbrista, con un gran trabajo de recopilación de cómo era esa época en San Francisco, Nueva York y especialmente Chile. Isabel logra hacer un gran retrato del país a fines de ese tumultuoso siglo XIX, con sus clases sociales, costumbres, gastronomía y su geografía diversa, desde el inhóspito desierto del norte, pasando por Santiago, Valparaíso y el sur, donde la autora dice que está localizado el Paraíso, cosa que por cierto, no puedo dejar de compartir con entusiasmo (Isabel Allende ha señalado en entrevista reciente, que le gustaría dejar Estados Unidos y venirse a vivir al sur de Chile. Aquí serías una vecina ilustre, Isabel, ven cuando quieras).
Sin embargo, lo más fuerte en estas páginas es la guerra civil, terrible, cruel, fratricida, con sus batallas y la caída del Presidente Balmaceda, presidente legítimo y reformador, derrocado por las fuerzas de los congresistas. Una mancha sangrienta en la historia chilena y su tradición republicana y democrática.
De los personajes, Emilia del Valle es la figura consular y excluyente. Entremedio, también se enamora. Por ello, esta historia es de amor y de guerra, de aventuras y libertad, de búsqueda y transformación. Sin embargo, aquí viene el “pero”. A mi parecer, en situaciones límites, nuestra protagonista toma riesgos absurdos y suicidas, más allá de la raya de lo creíble. Y su derrotero tiene a veces formas demasiado extraordinarias.
Pese a ello, esta novela me ha encantado. Desde Largo Pétalo de Mar e Inés del Alma Mía que no leía a Isabel Allende. Ha sido un buen reencuentro con su talento narrativo en esta obra recién salida del horno. El libro tiene un fluir de aromas, pero destaca esa fragancia de los bosques del sur.