Nos fuimos a finales del siglo III antes de Cristo a la cuenca del Mediterráneo ¿Y qué sucede en esos antiguos tiempos? Pues, se vive el enfrentamiento entre las dos potencias que se disputan la hegemonía de esa parte del mundo: Roma y Cartago.
Por el lado cartaginés está liderando Aníbal Barca. Gran político y tal vez uno de los tres mejores estrategas militares de todos los tiempos. Y logra poner de rodillas a Roma. Domina Hispania, cruza Los Alpes en inédita hazaña e invade desde el norte la bota italiana. ¿Quién se pone al frente para plantar cara y salvar a Roma de la aniquilación? Cónsules y generales lo intentan dirigiendo las legiones. Algunos son ignominiosamente derrotados. Otros tienen éxitos parciales.
Y mientras tanto un joven, hijo y nieto de cónsules comienza a abrirse camino. Se llama Publio. Publio Cornelio Escipión. Y en este libro, el primero de una trilogía está su historia.
Narrado de espléndida forma, en 700 páginas que van describiendo, al principio la galería de personajes, luego, las operaciones políticas, intrigas y conspiraciones incluidas, al mismo tiempo que se retrata la vida en Roma con sus distintos ambientes y clases sociales.
Las descripciones de las batallas son capítulo aparte. Logra que uno se transporte a Cannae, Trasimeno, Cartago Nova ¡Por Júpiter! ¡Qué tremendo era aquello!
Pero también hay historias como la de Plauto, un hombre sufrido que de semi esclavo, apaleado y muerto de hambre, llega a cumplir su sueño de ser autor de aclamadas obras de teatro. Es uno de los personajes más queribles. Aunque aquí don Santiago abusó, para mi gusto, cuando innecesariamente relata al dedillo los actos de la primera obra. Alarga las cosas y no contribuye a la trama central de El hijo del Cónsul.
¡Por Cástor y Pólux! He aquí el primer libro de una gran trilogía de novela histórica de un periodo apasionante de la Edad Antigua. Es recomendable refugiarse en el tablinium para leer tranquilos, acompañado de unas copas de buen mulsum para disfrutar esta lectura, cortesía de los dioses.