• 07 de Septiembre

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El bienestar en la escuela: donde los sueños importan

Por Marcial Huneeus, Director Ejecutivo Fundación Patio Vivo


Aquello que vivimos en la escuela nos acompaña. Forma parte de esa etapa crucial de nuestras vidas que es la infancia y la adolescencia, los así llamados años formativos. Gran parte del día transcurre en la escuela, es ahí donde dejamos el núcleo familiar para abrirnos al espacio social, donde aprendemos una cultura y accedemos al conocimiento que esa cultura considera valioso transmitir a la siguiente generación. Es también donde se construyen amistades que, muchas veces, nos acompañarán toda la vida.

Por eso preocupa, duele e incomoda cuando vemos violencia en la escuela. Porque no se trata solo de un conflicto puntual, sino de una grieta en algo más profundo, el tejido social. También inquieta cuando los estudiantes no encuentran sentido en lo que aprenden y consideran que no les sirve. Cuando vemos cómo la sintomatología depresiva aparece cada vez a edades más tempranas. Pareciera que hay algo que no cuadra.

Sin embargo, tenemos desde donde cambiar esta realidad. Desde Patio Vivo, trabajando en escuelas y liceo siempre nos encontramos con docentes profundamente preocupados por su quehacer. Hemos visto comunidades educativas transformarse, vincularse de otra manera con sus estudiantes y con el conocimiento. Asimismo, cuando se despierta el interés de los y las estudiantes, muestran una generosidad, curiosidad y compromiso enormes.

Hoy es imprescindible trabajar por construir bienestar en la escuela, porque solo desde una experiencia cotidiana de bienestar puede darse el aprendizaje. Ahora bien, ¿qué entendemos por bienestar en la escuela? Algo sencillo y concreto, la experiencia subjetiva de cada estudiante de estar satisfecho con su vida escolar, de vivir experiencias positivas, de sentir que pertenece y que lo que hace tiene sentido y propósito (Wellbeing in schools in childhood and adolescence, 2022).

Es decir, la experiencia personal de cada niño, niña y adolescente es lo que construye el bienestar colectivo. En sentirse parte de una comunidad, en encontrar significado en lo que se aprende, en vivir la escuela como un espacio donde vale la pena estar. Y eso hoy está lejos de lo que declaran los propios estudiantes, más de la mitad de los adolescentes está insatisfecho con la escuela y un tercio cree que no funciona (UNESCO, 2023).

Hace un par de años, al inaugurar un Patio Vivo Cultivable en la comuna de Frutillar, le dije al director: “En la entrada de su liceo escriba bien grande: Los sueños importan”. Porque eso es, en el fondo, lo que está en juego, el sentido, el propósito. Un adolescente necesita escuchar y experimentar que sus sueños sobre el corto y largo plazo importan. Que la escuela no es solo un lugar donde cumplir, sino una caja de resonancia para esos sueños, un lugar donde puede ensayar, equivocarse, volver a intentarlo y aprender, y en ese proceso también descubrirse a sí mismo.

El aprendizaje al aire libre, desde el juego, el huerto y la naturaleza, conectado al territorio y los conocimientos previos de los estudiantes, es una respuesta, sin duda no es la única, pero es una respuesta efectiva que ya está teniendo un impacto positivo. El 2025 y 2026 Patio Vivo fue reconocida por HundrED entre las 100 innovaciones en educación más destacadas del mundo y entre las 15 que mejor están promoviendo el bienestar en la escuela. Asimismo, fuimos reconocidos por Unicef como una de las siete iniciativas innovadoras en primera infancia. Hemos desarrollado más 170 proyectos a lo largo de Chile y hemos visto reducirse el sedentarismo en un 50%, disminuir en un 18% los conflictos en el patio, aumentar en un 81% el contacto con la naturaleza y un aumento del 44% en las prácticas sustentables.

En la Región de Los Lagos, recientemente inauguramos tres nuevos patios vivos cultivables y ya suman nueve los liceos que están transformando la forma de aprender, conectados con la experiencia, con el hacer y el entorno. Creando un aprendizaje cercano, tangible y propio. Estudiantes que cocinan juntos, ríen y comparten sus conocimientos, que salen al huerto, plantan y cosechan, meten las manos a la tierra y abren su liceo a la comunidad. Es ahí donde el bienestar en la escuela, entendido como experiencias positivas, pertenencia y sentido, se vuelve una vivencia concreta. En tiempos de la IA, lo central no son los conocimientos que se adquieren, sino las habilidades que desarrollan.

Los invitamos a sumarse y que construyamos juntos experiencias donde el bienestar sea parte de la vida escolar y los estudiantes puedan sentir que lo que viven tiene sentido. Porque cuando eso ocurre, sus sueños importan y encuentran un lugar desde donde crecer.