• 21 de Octubre

Sugeridos:


Hoy nos enfrentamos a una de las paradojas más preocupantes de nuestra sociedad: nos alarmamos por el sedentarismo y la obesidad infantil, pero nos incomoda profundamente ver a un niño real en movimiento.

⁠Hace unos días, asistí con mi hijo de cinco años al gimnasio fiscal de nuestra comuna, un espacio público destinado precisamente al deporte. Mientras otros adultos entrenaban, mi hijo corrió, saltó y jugó alegremente por la cancha. No destruyó nada, no agredió a nadie; simplemente ejerció su derecho natural a habitar un espacio público con la vitalidad propia de su edad. Sin embargo, al finalizar la jornada, una instructora me reclamó con molestia que el ruido del niño le había impedido realizar su meditación de cierre de clase, intentando camuflar de "falta de límites" lo que es, en realidad, un comportamiento infantil completamente normal y saludable.
⁠
Esto me hace plantearme una pregunta de fondo: ¿es realmente "civilidad" y "buena educación" lo que exigimos hoy a los niños, o simplemente nos estamos acostumbrando a ver niños anestesiados frente a una pantalla?
⁠Parece que el estándar actual de un niño "bien educado" es aquel que permanece inmóvil y en silencio para no estorbar a los adultos. Cuando un niño real actúa como tal, lo catalogamos de molesto o hijo de padres negligentes.
⁠
La base de la vida en comunidad es la convivencia y el respeto mutuo. Así como los niños aprenden a convivir con el ruido extremo de una clase de gimnasia y las dinámicas de los adultos, nosotros, los adultos, debemos recuperar la capacidad de ser más tolerantes entre nosotros y, sobre todo, tolerantes con la infancia. No permitamos que la comodidad de las pantallas nos haga olvidar cómo se ve y cómo vive un niño sano.