• 17 de Octubre

Sugeridos:

Un proceso de enseñanza-aprendizaje que sea significativo

Dr. Franco Lotito Catino

Conferencista, escritor e investigador (PUC)


En rigor, un proceso de enseñanza-aprendizaje que sea significativo representa una etapa fundamental en la vida de una persona, porque además de facilitar la adquisición de conocimientos, habilidades, competencias y valores, actúa como un puente de interacción dinámica que permite transmitir la cultura social de una determinada nación y preparar a las personas para su ingreso en sociedad y en el mercado laboral, al mismo tiempo que fomenta su crecimiento profesional, la responsabilidad cívica y el desarrollo del pensamiento crítico.

Enseñar a una persona –ya sea que se trate de un niño, de un joven o de un adulto– requiere tener, por parte del profesor, un cierto grado de experiencia, una buena formación profesional, un criterio formado, mucho sentido común –que parece ser el menos común de  los sentidos– y un alto nivel de paciencia y resiliencia, cualidades que no están consideradas en ningún manual de instrucción o de educación.

Cada vez cuesta más esfuerzo, motivación y dedicación personal lograr que los estudiantes aprendan, interioricen y procesen la información que reciben, así como también los contenidos y los conocimientos que se imparten en la sala de clases, por cuanto, muchos de estos estudiantes apuntan, hoy en día, a la inmediatez del “clic”, en tanto que los conocimientos y el aprendizaje solo se asientan en la medida que éstos se elaboran y que se procesan, y eso requiere, necesariamente, de tiempo, disciplina, perseverancia, dedicación y esfuerzo, factores que parecieran no estar presente en estos tiempos, donde la inmediatez absoluta prima por sobre otras cosas: un clic y ya estoy conectado con mi amigo(a) en Francia, otro clic e hice una compra en Internet, un tercer clic y la transferencia bancaria ya está realizada.

Ahora bien, el objetivo a lograr es evitar que el alumno caiga en la frustración. ¿La razón de lo anterior? Reducir y/o eliminar la posibilidad de generar una respuesta agresiva o violenta por parte del estudiante –cosa muy común, hoy en día–, en función de la teoría de los investigadores John Dollard y Neal Miller, quienes postularon que la agresión es una consecuencia muy frecuente de la frustración –del tipo que sea– y de la “tensión emocional” que, a menudo, se descarga mediante actos agresivos, buscando una suerte de catarsis o de alivio interno.

Un proceso de enseñanza-aprendizaje que sea significativo y que logre los objetivos y resultados que se esperan, consiste en cultivar y cuidar el vínculo educativo profesor-alumno, ya que se trata de un evento y de un espacio donde no sólo se enseñan los contenidos de diversos temas y materias propias de la asignatura que dicta el profesor, sino que se aprenden numerosos valores, conductas y aspectos de la vida diaria, algo que requiere de varios elementos clave: respeto mutuo, de un cierto nivel de exigencia, de atención y concentración, así como de la fijación de límites claros que no pueden ni deben ser traspasados.

La razón es muy simple de comprender: el acto de educar también implica mostrar y comprender que el aprendizaje significativo –orientado al desarrollo integral, a la madurez y crecimiento personal de un ser humano– ocurre dentro de un marco y de un contexto predeterminado, y que respetarlo a cabalidad es parte esencial del proceso formativo.