Germán Novas
Escritor e investigador independiente
Región del Biobío
www.germannovas.cl
Señora Directora:
Cerca de un 30% de la población involucrada participó en el simulacro de erupción del volcán Calbuco realizado en sectores de Puerto Varas y Puerto Montt. Es una cifra que puede leerse como avance, pero también como alerta: siete de cada diez personas no participaron.
¿Por qué tantas personas ignoran un ejercicio que podría salvarles la vida? La psicología del riesgo ofrece algunas respuestas. Una es el sesgo optimista: creemos que las catástrofes les ocurren a otros. Otra es la memoria de 2015: muchos vecinos vivieron la erupción del Calbuco sin daños directos y concluyeron que la próxima será igual. La memoria, más que registrar el pasado, tiende a reinterpretarlo para tranquilizarnos.
Hay además un factor cultural. Un simulacro funciona como un ritual: solo es eficaz si la comunidad cree en su sentido. Cuando se percibe como un trámite, la participación cae; cuando se vive como un acto de cuidado colectivo, aumenta. No basta con convocar; hay que dotar de significado.
Quizás las próximas convocatorias podrían apoyarse más en escuelas, juntas de vecinos y organizaciones locales, que son las que construyen confianza en la vida cotidiana. Prepararse para un volcán no es solo un asunto técnico; es una creencia compartida que hay que cultivar.