• 27 de Octubre

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En el último concejo municipal se aprobó la licitación de estacionamientos para el centro y la primera terraza de la comuna de Puerto Varas. Esta es una buena noticia para los vecinos. Se regula la actividad y se mejora la recaudación en servicio de la comunidad, aportando 120 millones a la comuna cada año. El tramo desregulado entre licitaciones para los más de 400 estacionamientos dispuestos generó problemas, además, hizo que se perdiera dinero de manera evitable, fruto de la mala política del gobierno municipal anterior.  

La nueva licitación de estacionamientos convive con la acentuación del proceso migratorio, lo que ha significado, entre tantas cosas, que en Puerto Varas cada vez hay más autos. Junto con regular los estacionamientos para los autos particulares, tener un mejor sistema de transporte público es una manera concreta de colaborar a sanar los problemas de congestión vehicular. Entre mejor es el transporte público, menos se usaría el transporte privado. Pero, uno podría grabar un video de la escena diaria del transporte público en la zona y decir que es 1998 y pocos se darían cuenta de que no es así.

Esto no pasa en Santiago. Allá hay kilómetros de líneas de metro, con atractivas estaciones que sirven al comercio y las exposiciones de arte. Hay micros eléctricas, aplicaciones para el teléfono, paraderos informativos y estandarizados, sitio web para poder descargar los mapas con los recorridos, vinculaciones entre los distintos medios de transporte (metro, bus y metro tren), sistema de pago único con tarjeta bip, entre otros elementos del siglo XXI. El transporte público de la capital incluso recibió un segundo bautismo, invirtiendo en un cambio de imagen completo, pasando de ser Transantiago a Red. Puede no ser perfecto, estar lleno de problemas, pero sí que se ha invertido con mucho entusiasmo en intentar de que funcione lo mejor posible, incluyendo pagar el costo que arrastra en todos sus errores de planificación.

Nadie dice que Puerto Varas y la cuenca del lago Llanquihue tiene que ser como Santiago, pero hay una moderna integración entre los buses eléctricos, la extensa red del metro y el metro tren, que en la cuenca de lago Llanquihue podría ser bastante útil. Pero acá los buses no son eléctricos. Tampoco son grandes o silenciosos. No hay metro, ni subterráneo ni descubierto. No hay tren, ni metro tren. No hay cobradores automáticos para seguridad del conductor y pasajeros, ni moderno sistema de pago único. Las estaciones de trenes están abandonadas o dedicadas a otra cosa. Entre los taxis colectivos y los uber se cubren las ausencias, multiplicando la escala de los autos que se suman a las filas de los tacos.

Sobran los diagnósticos, mientras las acciones suelen encontrar límites en las regulaciones que explicarían las ausencias. Siempre hay un proceso en curso, desarrollo de estudios, etapas, o algo parecido, que permite seguir hablando con sentido de acción y justificación, mientras, todo sigue más o menos igual.

El apoyo a un transporte público inteligente, integrado y moderno, no sólo es coherente con la imagen de ser un destino turístico maduro, además, fortalece la acción ante la crisis climática declarada tanto por el alcalde de Puerto Varas como por el gobernador regional de Los Lagos.

Mejorar con visión integradora, determinación y sobre todo con inversión el transporte público, debería ser un esfuerzo prioritario para la renovada asociatividad de las comunas de la cuenca del lago Llanquihue y sus vínculos de trabajo con el poder. Lograr que se pueda subir la bicicleta al nuevo bus eléctrico y llegar de una comuna a otra de manera eficiente, cómoda, puntual y segura. Ir a la estación de tren y que no sea sólo para hablar de recuerdos, abandono y muros rayados.

Se repite mucho, tal vez demasiado, de que Puerto Varas es la capital del turismo del sur de Chile, la puerta de la Patagonia, pero, ni siquiera tiene un terminal de buses. Mientras, al parecer, este verano el bus turístico comunal otra vez será un pequeño camión hechizo que traslada pasajeros gratis en un recorrido acotado, mientras promociona una vienesa.

Por: Pablo Hübner