Opinión

[OPINIÓN] Puerto Varas: ¿Una ciudad amable?

El Heraldo Austral

Para los que llevan un par de años en Puerto Varas, sabrán que antes existían las llamadas “Jornadas de Amabilidad”, que se llevaban a cabo en el Casino Dreams. En ellas y según la definición de su página web: “son un espacio de encuentro para las personas, donde se vive una experiencia junto a otros, orientado a descubrir la capacidad que tenemos las personas de construir nuestra vida y juntos, el mundo que queremos”. Esta actividad se realizaba una vez al año y contaba además con charlas de distintas personas del mundo del espectáculo que pretendían inspirar a las personas que asistían y crear así una sincronía entre ellos y el público. La última vez que se realizaron fue el 2019.

Recuerdo que, por ese tiempo, al asistir a alguna de las charlas, se respiraba un ambiente distinto en Puerto Varas, como si la gente estuviera más dispuesta a ser amables y VER a los otros habitantes de la ciudad.

Creo que hoy, nuestra ciudad dista mucho de ser una ciudad amable. Vivo en una calle bastante transcurrida cercana al centro de la ciudad y me gusta mucho moverme a pie. Sin embargo, me ha sorprendido la poca amabilidad de la gente. Al salir con mi hija en coche, me cuesta muchísimo que los autos se detengan y nos dejen cruzar la vereda. Sin ir más lejos, en un día, dos camionetas del año, no solo no me dejaron pasar, sino que la primera aceleró y la segunda simplemente no me vio. Sino es porque paro, pasa encima de nosotras. Al menos este último, al darse cuenta de su error, me pidió disculpas y se le veía notoriamente avergonzado. El primero se hizo el loco y ni siquiera me miró.

Al subir al auto pasa algo similar. Las largas colas que se arman en la costanera a la hora del taco o en las entradas a la ciudad demuestran personas sin paciencia que quieren llegar luego a sus casas. No dan la pasada, siguen de largo y otros incluso hablan por celular. Lo insólito es que cuando uno deja pasar a alguien, esa persona tampoco da las gracias. Por último, el típico saludo con la mano o las luces intermitente que se han hecho tan populares.

Puede sonar como dos cosas sin importancia, pero me parece que la educación cívica habla muy mal de nuestra ciudad. ¿En qué momento pasamos de ser amables a no parar en un paso de cebra por andar apurado o decir simplemente gracias? Esos pequeños gestos muestran la humanidad que nos caracteriza, la amabilidad con el otro y ayuda finalmente a una sana convivencia entre los que habitamos este lindo lugar.

A mi juicio, la supuesta amabilidad que tanto caracterizaba a nuestra ciudad, quedó bastante lejos, por allá por el 2019.

Camila Werner Ipinza