• 26 de Octubre

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El 04 de julio del 2021 será recordado como un día histórico. El primer discurso de la presidenta de la Convención Constitucional, Elisa Loncón, será escuchado, leído y mencionado muchas veces a lo largo de los años. Más que una sentencia de las metas de la Convención Constitucional fue la expresión de la deuda con la justicia, los niños, las mujeres, la naturaleza, los pueblos originarios, la participación de las minorías, la historia del país.

Ayer fue un día de similitudes y contrastes. El inicio de la ceremonia fue complejo, con condicionamientos y con el nervio de que lo que pasó, podría no haber pasado. El cierre de la ceremonia consolida una jornada histórica y emocionante que quedará en la memoria.

El aplauso cerrado y transversal a la conducción de la secretaria relatora del Tribunal Calificador de Elecciones, Carmen Gloria Valladares, es elocuente de una voluntad compartida. Se aplaude la serenidad, la contención, la comprensión. Se aplaude el rigor en el ejercicio del cargo y el respeto hacia la institucionalidad, en un acto con necesidad de ser solemne y cívico. Se aplaude pedir permiso para el silencio y así, convocar a que el silencio sea un integrante más y bienvenido. La mesura ejerce presencia y favorece la continuidad de la ceremonia.

La historia se está escribiendo. El éxito del proceso de la Convención Constitucional no está garantizado. Serán meses de diálogo, debate, pactos, vocerías conjuntas, diferencias, acusaciones y ruidos grises. Las opiniones, comentarios y emplazamientos de los distintos integrantes de la Convención Constitucional, muy probablemente serán parte del debate público. La tensión entre los poderes del Estado es inevitable. La idea de aislar la opinión de los integrantes de los Convención Constitucional y circunscribir su trabajo al silencio de todo otro tema, mientras dure el proceso, carece de realismo. El rol político y representativo de la Convención Constitucional es vivo y tiene la atención de todo un país.

El poder está en movimiento. Algunos sectores adquieren poder que no tenían, otros pierden poder que han tenido por décadas. Cambian los procesos, las articulaciones, los pactos y la fuerza de incidencia. En lo local Puerto Varas tiene nuevo alcalde, nuevos concejales, la región tiene, por primera vez, gobernador regional electo, delegado presidencial y representantes distritales electos para la Convención Constitucional.

Las articulaciones y alianzas que se puedan crear en este nuevo mapa del poder permiten una influencia inédita en la toma de decisiones. Este movimiento de poder debe ser asumido con cautela y humildad. Al río revuelto le sobran los pescadores. El mayor respeto por el histórico proceso político es el desprendimiento del anhelo individual o sectorial, para primar el mejor sentido de lo conveniente para todos, en su diversidad, postergación y también, urgencia. La perspectiva recurrente y gastada de que lo que es bueno para mi sector es bueno para todos, porque mi sector es bueno, tiene problemas de mareo que no ayudan a la estabilidad.  

Para enfrentar el intenso proceso electoral de fin de año, junto con el inicio de nuevos procesos políticos comunales, regionales y Constitucionales, es justo apelar al mismo sentido de rigor institucional que ejerció Carmen Gloria Valladares durante la ceremonia de inicio de la Convención Constitucional. El respeto más solmene a la voluntad cívica, expresada institucionalmente, en este proceso democrático.

Confiados y desconfiados, optimistas y pesimistas, deben aportar a un proceso pacífico con una mirada lúcida, con oreja para las palabras y corazón para las diferencias. Nadie sabe lo que pasará. El Estado y su institucionalidad, así como sus representados, deben velar por la estabilidad social y la paz. Pregonar tormentas y terremotos puede ser tan influyente y mandante como el optimismo exacerbado y ciego en creer tener resuelto todo, por creer representar todo mejor que nadie.

El domingo 04 de julio fue un día que terminó bien, pero que partió mal. Es tiempo de estar atentas y atentos. Tener paciencia. Dejar trabajar. Escuchar lo que más se pueda. Ser responsable. El desafío histórico que vive el país y sus instituciones es una cosa tan personal y colectiva como cuidar el ecosistema. Estamos viviendo la historia de Chile.

Por Pablo Hübner