Opinión

[OPINIÓN] "El Emperador y la Participación Ciudadana" Por Pablo Ortúzar A.

El Heraldo Austral

La gobernanza es un arte complicado en el que si falta convicción y método, las buenas intenciones pueden perderse en la inacción o ser engullidas por los intereses despóticos de unos pocos. Por eso puede ser bueno conversar sobre aquello que es necesario para re establecer confianzas entre la ciudadanía y la autoridad, parte fundamental del proceso de sanación que todos queremos para nuestro país.

Uno de esos aspectos es  el uso de procesos de Participación Ciudadana - cuyo objetivo -, además de dar legitimidad a decisiones y proyectos públicos y privados de importancia, es  enriquecer desde la diversidad de los interlocutores, esas decisiones y esos proyectos. Es que cuando dicha participación es ejercida con honestidad, no sólo permite mejorarlos, sino además puede constituirse en un sistema mediante el cual la ciudadanía, la empresa y la autoridad pública construyen juntos, conteniéndose los excesos y reforzando así el tejido comunitario y la democracia participativa.

Desgraciadamente hemos vivido durante décadas el engaño político sistemático a través del envilecimiento de esta y otras prácticas, a nivel comunal y regional. Esto ocurre cuando la Participación Ciudadana  no esta abierta a todos - o estándolo carece de método -, de manera  que no va más allá de un desahogo colectivo, utilizado para tapar la imposición arbitraria de la autoridad y sus cercanos, aparentando un liderazgo público abierto y el cumplimiento de un “requisito formal” cuando la ley así lo exige.  Hemos visto desde aquí la transformación que ocasiona el poder cuando sus protagonistas son idolizados y más aún cuando ellos mismos se lo creen, como el Emperador desnudo de los cuentos de Andersen. Desde allí el círculo se va achicando, la diversidad de miradas se extingue y la aversión al  riesgo de enfrentar la realidad a través de lo distinto aumenta, hasta convertir el engaño y el abuso de poder en la “normalidad”. En este paisaje público degradado, las Participaciones Ciudadanas son “a dedo”. 

Me temo que esta mala práctica comience a ocurrir bajo la actual administración comunal, en lo concerniente por ejemplo al Plan de Desarrollo del Parque Philippi. Y será definitivamente una voz de alerta si ella se extendiera al rebote en Contraloría del proyecto de Plan Regulador Comunal, o a los silenciosos avances del Plan Intercomunal, ambos ejes fundamentales para la calidad de vida de los habitantes de la comuna.

Es que hemos aprendido por experiencia que estos malos hábitos de la política engendran un  ambiente enrarecido, adonde el objetivo se transforma en permanecer en el poder por el poder y para la agenda de intereses ajenos. Allí  abunda el show, los “yes men” y la construcción artificial de imagen pública junto a un florido discurso vacío de convicciones cuando escasea la trasparencia y la acción en beneficio de la ciudadanía. Allí la gobernanza no es sino un saqueo adonde no demora en propagarse la corruptela desde adentro y desde afuera, hasta convertir la administración pública  en un triste negocio o en una patética tiranía inepta, enferma de pequeños egos y necesitada de sanación.

Pablo Ortúzar A.