Opinión

[OPINIÓN] "Cuenta pública" Por Pablo Hübner

El Heraldo Austral

La semana pasada la comuna de Puerto Varas recuperó algo importante. La cultura cívica comunal vuelve una vez más a demostrar su respeto hacia la institucionalidad y el rigor de un hito que merece ser parte de la agenda anual. A su modo, la cuenta pública fue como retomar la presencialidad para la educación. El acto cívico se realizó en el gimnasio fiscal, un lugar para el deporte, un lugar de formación, preparación, esfuerzo y trabajo para enfrentar triunfos y derrotas. Un centro de construcción de resiliencia.

La cuenta pública del alcalde fue ejemplo de respeto cívico. Una mezcla justa entre liderazgo, humildad y envergadura. La adversidad del escenario actual fue reconocida como elemento inspiracional para la conducción de soluciones en curso y otras por venir. Se presentaron cifras, plazos, metas, procesos.

Mucho se podría hablar de lo que sobró y lo que faltó, el debate de los énfasis, la presencia o carencia de sentido de novedad, la relación entre conflictos y plazos de resolución, el desglose del presupuesto y su distribución estratégica, las metodologías concretas para el proceso vinculante de las mesas barriales, la incorporación de Nueva Braunau y Ensenada al plano regulador, entre otros temáticas, todas discusiones que son precisamente provocadas por la transparencia de esta instancia legal.

Más allá de la puntualidad de los distintos problemas y oportunidades que enfrenta la comuna, es nítido que Puerto Varas vive un complejo proceso entre continuidad y cambio. La solución de esta relación será determinante para el futuro próximo. La oportunidad, en caso de perderse, no ofrece vuelta atrás.

La necesidad de presentar proyectos, levantar recursos, profesionalizar equipos, desconcentrar la vocería municipal, profundizar acuerdos de colaboración a nivel local, nacional, internacional, surge como imperativo ante una realidad que tiene diversos frentes, pero con denominador común claro: El cambio fulminante del escenario local, que, sin el control y la contención necesaria, terminará por dañar para siempre el patrimonio natural y cultural de la comuna. La identidad local y su historia está en jaque.

Desconocer los problemas sería tan absurdo como desconocer los errores o los aciertos. Del mismo modo, anticipado sería agotar la confianza cuando ni siquiera ha pasado un año de gestión. Coincide este inicio con que las autoridades regionales asociadas al gobierno central recién están empezando un nuevo ciclo. En este escenario, la actual administración municipal tiene mucho que demostrar, en un proceso que está partiendo, y sobre el cual la comunidad, por cierto, espera mucho más.

La máxima autoridad comunal y su equipo no son directamente responsables de los problemas, pero sí son directamente responsables de las soluciones y también, de que las soluciones implementadas no creen otros problemas. Si las atribuciones son limitadas, es fundamental ampliar el radio de acción y conseguir lo que sea necesario para prevalecer con las metas propuestas. Las explicaciones de las postergaciones no son soluciones, por mucho que se requieran. Distribuir cuotas de responsabilidades entre diversas instituciones públicas tampoco hará mayor diferencia. Saber de quién es la culpa no construye resultado y los niños de la comuna no preguntan esas cosas.

El famoso dicho de que otra cosa es con guitarra tensiona las cuerdas en las clavijas: la justa idea de transformación se encuentra en los hechos con la justa idea de no querer que todo cambie. La cuestión generacional del liderazgo, con la pretendida horizontalidad, debe adecuarse en armonía con la necesidad de verticalidad, en estricta consecuencia de la naturaleza y responsabilidad institucional del cargo. Comprometer la relación honesta entre el cielo del verso de la campaña municipal con la tierra de la prosa del ejercicio del mandato. Un poco más de realismo sin renuncia. Un poco menos de realismo mágico. Porque moderar es también liderar.

La cuenta pública del alcalde en su viva tradición cívica fue un éxito. Una emotiva instancia formal para integrar a la comunidad, quienes vuelven a escuchar con atención y reconocimiento el trabajo que se está realizando. Otoño es un buen mes para esto. Ni una hoja que vuela se pierde. El legado de futuro es ahora.

Por: Pablo Hübner