• 27 de Octubre

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Nuestros recuerdos no son solo nuestros

Por Andrea Uribe Barriga

Historiadora


La memoria es nuestra capacidad de recordar y se relaciona con el proceso de aprehender, almacenar y recordar información. Sin embargo, este concepto inicial que define a la memoria como almacenaje de información ha evolucionado a una realidad más compleja que se compone de distintas nociones y sistemas de memorias y que dependen estrechamente de las mentalidades colectivas y de los constructos sociales.

La memoria de los otros configura nuestra propia memoria. ¿Qué pasaría si de pronto… nadie nos reconociera? ¿Seguiríamos estando seguros de quiénes somos? Las experiencias de los demás miembros de la sociedad determina lo que nos es memorable y nos permite tener ideas autobiográficas.

La problematización actual de la memoria es un fenómeno académico y mediático relativamente reciente. En la antigüedad no existía tan claramente esta división de tiempos. Las personas no tenían una vida muy diferente de sus antecesores y no se necesitaba de un gran esfuerzo para acceder al pasado, ya que de cierta manera, lo estaban viviendo aún. Como por ejemplo, el caso de un campesino de la edad media que utilizaba las mismas técnicas agrícolas y tenía una vida cotidiana similar a la de sus antepasados remotos. Desde la era moderna, con los nuevos medios de comunicación y transporte, se difundió una nueva concepción de las distancias, el tiempo y el espacio. Se produjo un cambio en la cosmovisión del ciudadano, un nuevo ser humano que suponía que su futuro sería diferente a su pasado y que también sería diferente del futuro que tendrían sus hijos o nietos.

El tiempo es donde se deposita la memoria y se organiza en base a todas las fechas relevantes para la sociedad, como festividades, nacimientos, defunciones, aniversarios, cambios de estación, etc., y que funcionan como puntos de referencia y como hitos a los cuales hay que acudir para evocar los recuerdos relevantes. Estas fechas o períodos significativos forman parte de un recuerdo construido socialmente y son la base para que los individuos y los grupos puedan configurar una identidad coherente.

Todos los individuos se identifican con los acontecimientos públicos importantes para su grupo e incluso recuerdan muchas cosas que no han experimentado directamente. Una persona puede sentirse parte de algo que no vivió en forma concreta, incluso a-temporáneamente, por ejemplo, con documentales, películas o series de televisión de época. Estas nociones (ficcionadas o no), se hacen parte de una memoria pública y social. La memoria pública se relaciona directamente con la historia pública y con las conmemoraciones oficiales de su haber.

El hecho de que los demás conozcan y reconozcan nuestras experiencias vividas, reafirma nuestro sentido propio del ser, aunque el evento recordado no haya existido realmente, como en el caso de las anécdotas de infancia, que a veces debemos creer porque la familia nos asegura que son ciertas, y como parte de una memoria artificial o de prótesis, las utilizamos para completar nuestras historias de vida.