“Ya nadie recuerda que, durante un año y medio, hasta su muerte, el padre del siniestro Muro de Berlín se paseó tranquilo por las calles de Santiago. No es de extrañar, Chile parece ser la cuna de la memoria selectiva y el sarcófago de la memoria inclusiva”.
He aquí un libro de publicación reciente (2024) de este conocido autor. Esencialmente es una novela histórica, aunque también incorpora elementos de novela de espionaje, thriller político y drama romántico. La historia se desarrolla en el contexto del final de la Guerra Fría y la caída de la República Democrática Alemana (RDA), para luego continuar en Santiago de Chile, donde termina refugiado Erich Honecker, el ex hombre fuerte del régimen.
Me parece interesante la idea de abordar desde la literatura este episodio histórico del que poco se recuerda, cuando se dio la paradoja de que en una ciudad vivieron respirando el mismo aire Pinochet y Honecker, dos ex dictadores de signos opuestos.
Y allí entra la ficción, a través de un chileno llamado Patricio Dupré, que años antes había sido refugiado en la Alemania Oriental, que trabajará como traductor de Honecker. Este encuentro lo enfrentará con su pasado y con Valentina Bode, el gran amor del que fue separado por el Muro de Berlín. A medida que avanza la trama, se entrelazan reflexiones existenciales sobre la afirmación de la identidad, secretos políticos, algo de espionaje, pasiones humanas, el trauma solitario de un dictador sin poder y las consecuencias que produjeron en las personas el fin de la Guerra Fría.
El libro narra esta historia a tres voces: la de Patricio Dupré, alter ego de Ampuero, la de la alemana Valentina Bode, y la del propio Honecker. Se puede decir que profundiza con sensibilidad en temas como la memoria, el exilio y especialmente la identidad; con personajes complejos y de buen desarrollo psicológico. Asimismo, combina acontecimientos históricos con una narración más bien reflexiva.
Por lo anterior, para mi gusto el ritmo resulta pausado y a veces tantos cambios temporales con distintas voces, además de los recuerdos reiterados dificultan el seguimiento de la historia y la comprensión de lo que se está leyendo.
En relación al autor, es evidente que, a través del personaje de ficción, justifica su propia trayectoria. Se pregunta “¿Qué otras cosas son si no el temprano exilio que me hizo quien soy, un palimpsesto con colores superpuestos, los del joven comunista o los del estudiante detrás del Muro que se volvió liberal más tarde, y al final del camino un escéptico cuando no un cínico?” Alguien diría a confesión de parte, relevo de prueba. Ampuero efectivamente fue comunista y revolucionario, y más tarde ministro en un gobierno de derecha.
Y volviendo al libro, se puede decir que es una novela recomendable porque combina una historia de amor, espionaje y acontecimientos históricos con una profunda reflexión sobre la memoria, el exilio y las consecuencias de las decisiones políticas. Y llegó a mis manos como regalo de un amigo, ese que hace las mejores plateadas al palo del sur de Chile.