Estamos ante una novela histórica centrada en dos amigos que terminan en bandos opuestos durante la Guerra Civil chilena de 1891.
De ella, dice Parvex que “este fratricida enfrentamiento partió a Chile en dos facciones irreconciliables que, en ocho meses, causó más muertes entre chilenos que los registrados como caídos en combate en la guerra contra Perú y Bolivia, que se extendió por casi cuatro años”.
Viendo el vaso medio lleno, la novela presenta fortalezas que la hacen muy digerible y del gusto de públicos amplios, como suele suceder con las novelas históricas de Parvex.
El autor recrea con bastante rigor el contexto de la Guerra Civil de 1891, mantiene un ritmo ágil hasta el final y hace accesible un episodio poco tratado de la historia chilena. Una guerra entre hermanos, que además terminó con el suicidio de José Manuel Balmaceda, el presidente de la República. Tales sucesos no son para inflar el orgullo nacional. Guillermo Parvex intenta siempre mostrar que una guerra civil destruye amistades, familias y comunidades, y que mucha gloria no existe al asesinar a compatriotas y con la crueldad que se dio especialmente en ella.
Dicho sea, respecto de la guerra de 1891 la historia patria se viste con los colores de la vergüenza y prefiere pasar de puntillas por este capítulo de barbarie y espanto.
Sin embargo, para que esta sea una obra memorable hay aspectos que en mi opinión le juegan en contra. Partamos por los personajes. Los dos protagonistas pueden percibirse como representantes de posturas políticas más que como personajes con una psicología especialmente compleja. Aparte de su adhesión a bandos distintos, se parecen demasiado y lo mismo sucede con otros que están hechos con el mismo molde.
Hay también un predominio de la historia sobre la literatura. Parvex privilegia la explicación histórica por encima del desarrollo literario. Así encontramos muchas descripciones de contexto que cruzan todo el relato y dejan a los protagonistas al servicio de la historia, lo que no está mal, pero les quita profundidad y crecimiento.
Los conflictos morales que se presentan son previsibles, así como el desenlace. La premisa de dos amigos enfrentados por una guerra civil pese a no ser tan novedosa, es poderosa, pero la evolución de los personajes y sus familias es predecible y carente de sorpresas.
Y finalmente, muchos diálogos suenan poco naturales, impropios del contexto que viven personas con experiencias al límite. En los cuarteles y trincheras me parece que las conversaciones tienen otras formas.
Haciendo raya para la suma, pese a que no sea una joya literaria, es una novela histórica muy amena y fácil de leer, cuyo gran aporte es divulgar el desarrollo de una guerra triste y cruel, aún poco trabajada desde la literatura.