Nos vamos a la Grecia rural de mediados del siglo XX, a partir de 1941, a un pueblo del Peloponeso marcado por la pobreza, la tradición y las diferencias de clase. En este escenario, Kallifatides describe el mundo del pequeño pueblo donde campesinos y señores conviven, cuando se ve bruscamente alterado por la invasión nazi.
La realidad de la guerra golpea a sus habitantes y algo que parecía lejano irrumpe en las vidas de todos y los cambiará para siempre.
Un aspecto destacado es la descripción que el autor hace de los personajes. Es como estarlos viendo, con las decisiones que van tomando, sus debilidades y grandezas puestos a enfrentar una situación límite. Son cercanos porque no son héroes sino personas comunes, con virtudes y contradicciones.
Así, encontramos al alcalde que opta por colaborar con el invasor, al cura que se las arregla con su pragmatismo, al judío del pueblo y su familia, en la primera fila del riesgo, al señor terrateniente que cree que esto de la guerra no le incumbe, a los que tienen oficios claves como el maestro, naturalmente crítico, al panadero, al herrero y especialmente a las mujeres que son el motor de la historia, las madres, esposas e hijas.
Cada uno tiene que tomar su decisión: o quedarse a vivir en el pueblo, que se llama Yalós y asumir las humillaciones del ocupante, incluso pasar a ser colaboracionista, o bien huir a la montaña y hacerse partisano.
Kallifatides es un escritor de origen griego que emigró a Suecia, y este libro recoge su mirada en torno a la epopeya de un pueblo, la identidad, y la memoria. Escribe con un estilo poético y le queda bien la crítica social y política, donde establece su compromiso con la historia que va contando, que es su propia historia, dando pie a esta novela autobiográfica.
Me parece, como el mismo lo reconoce que al tomarse el tiempo para llevar a la pluma toda una época de su vida de niño y adolescente en Grecia, logra el equilibrio buscado para no caer en pasiones o emociones. No es fácil sacar al pizarrón a todos y a todo y hacerlo con ecuanimidad para mostrar una época, un lugar y un país.
Es una radiografía nítida en los detalles, las contradicciones, las grandezas y miserias de personas de pueblo chico, una muestra de lo que fue Grecia en esa década terrible de la ocupación, y luego de la guerra civil y la posguerra.
La obra Campesinos y señores forma parte de una trilogía autobiográfica, centrada en su infancia y juventud en Grecia. Los otros dos libros son El arado y la espada y Una paz cruel.
Habrá que ir por los otros dos para seguir conociendo de la vida rural griega, de este pueblo fiel exponente de la máxima que dice que “Por pequeño que sea un pueblo, para que merezca que lo llamen pueblo, debe tener un loco, un santo y una puta”. No sé si esto será universal, porque en el pueblo de por aquí en que yo viví faltaba uno de estos tres personajes.