“La verdad, como siempre, será mucho más extraordinaria”, nos dice Arthur C. Clarke. Y vaya que tiene razón. Alguna vez conoceremos como humanidad, la respuesta a aquello que nos intriga y a veces nos encandila, especialmente cuando miramos las estrellas en noche despejada.
He aquí un gran clásico de la ciencia ficción espacial, publicado en 1968 cuando el nivel de conocimiento y la tecnología era muy distinto a lo que existe hoy, y a pesar de ello el autor se anota muchos puntos en lo que describe con una visión de futuro muy destacada, a pesar de que no todo haya evolucionado como él pensó para el año 2001, treinta y tres años después.
Esta novela de 240 páginas, estructurada en 4 partes subdivididas en capítulos cortos tiene varios méritos. Una de las claves del libro es la fuerza y profundidad de las descripciones, que, aunque en el caso de los temas tecnológicos puede ser un tanto tediosa, siempre está al alcance del lector. Sin embargo, es a partir de la tercera parte, cuando logra un ritmo absorbente y de una pasmosa creatividad.
Es legítimo preguntarse ¿Qué alucinaciones tuvo don Arthur para llegar a escribir todo esto? Porque nos comparte una imaginación desbordante y un notable despliegue narrativo en esta temática, que le ha permitido ser referente para muchos autores que vinieron después.
La trama se desarrolla a través de una secuencia de tiempo, que empieza hace tres millones años en que contemplamos el lento proceso evolutivo de nuestra especie. Luego, en el futuro, que ahora es pasado, un equipo de científicos debe realizar una expedición a los confines del universo en busca de evidencias que confirmen que el ser humano no está solo. Y son tres los personajes principales de la secuencia, siendo el último, Bowman, quién captura toda la atención en torno a su destino.
El libro más allá de su originalidad logra trascender por sus planteamientos sobre religión, filosofía y el significado de la vida y la humanidad. Las advertencias sobre los riesgos de la inteligencia artificial son notables, dada la época en que se escribió.
El libro 2001, una odisea espacial, está íntimamente ligado con la película de parecido nombre, dirigida por Stanley Kubrick y en que Clarke participó. Y que también vale la pena verla.
Y recordemos: “La verdad, como siempre, será mucho más extraordinaria”.