• 27 de Octubre

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Me dirijo a ustedes con el fin de abordar un tema que hasta hace poco me resistía a discutir. En la actualidad, la sociedad enfrenta desafíos significativos, y siento la urgencia de plantear una preocupación que se ha arraigado cada vez más en nuestras interacciones cotidianas: la violencia discursiva, entendida como el uso de palabras y expresiones agresivas, descalificadoras o denigrantes en los discursos públicos que generan un clima de confrontación y polarización.

Resulta inquietante observar cómo, en un momento en el que muchos creíamos haber avanzado hacia una sociedad más justa y equitativa, se difunden acusaciones sin fundamentos ni pruebas, emitiendo juicios gratuitos y violentos que tildan a otros de ignorantes, corruptos y violentos sin un respaldo verificable. Del mismo modo, se cuestiona de forma infundada el propósito y la viabilidad de la Agenda 2030, el desarrollo sostenible y la finalidad de la creación de una Federación de estudiantes secundarios, haciendo declaraciones descalificadoras en diversas plataformas, lo que refleja una aceptación de la confrontación como método de interacción, tanto en espacios públicos como en entornos virtuales, revelando una profunda desconfianza hacia las instituciones políticas y una resistencia a integrarse en las comunidades. Estos comentarios han sido emitidos de manera pública en este mismo diario, en el Concejo Municipal y en redes sociales y quienes cometen estas acciones,  agresivas y descalificadoras, normalizan un comportamiento verbal violento que es totalmente perjudicial para el debate constructivo.

En estos momentos críticos, es crucial recordar la importancia de fomentar un diálogo constructivo y respetuoso, y cultivar la empatía y la comprensión hacia distintas perspectivas. Debemos aspirar a un espacio público donde las ideas se debatan con respeto, y donde la diversidad de opiniones sea valorada en pos del bienestar colectivo por encima de las diferencias individuales.

Confío en que esta reflexión motive una pausa para la reflexión colectiva y nos impulse a buscar soluciones basadas en el entendimiento y el respeto mutuo. Nuestra sociedad merece avanzar hacia un futuro en el que la violencia discursiva no tenga cabida, y es responsabilidad de todos nosotros trabajar hacia este ideal. Hacer política con propuestas en lugar de descalificaciones es esencial para el desarrollo de una sociedad fundamentada en el diálogo constructivo y la colaboración fructífera.