Libros de la Vida: “Napoleón Bonaparte” de Vincent Cronin

Por Juan Carlos Gallardo


Ayer, 5 de mayo se cumplieron 205 años justos, desde que en la isla Santa Elena en medio del Atlántico sur, muriera prisionero de los ingleses Napoleón Bonaparte.

Recuerdo cuando años atrás, contemplando el sarcófago tumba del emperador, bajo la cúpula dorada de la capilla del palacio de los Inválidos en París, apurado siempre por seguir al hito siguiente en mi apresurado paso de turista, por primera vez me pregunté ¿Quién de verdad fue este señor? ¿Por qué llegó a ser según muchos el personaje más importante de la historia contemporánea occidental?

Se dice que el promedio de libros publicados en el mundo sobre Napoleón, desde su muerte ese 5 de mayo de 1821, ha sido de uno por día. Bueno, yo elegí uno. Éste de Cronin, vastamente documentado y con muchas fuentes, que se focaliza más en la persona, que en los acontecimientos militares y políticos.

Veamos. Napoleón media un metro y sesenta y seis centímetros, la estatura promedio de un francés de su tiempo. Es decir, el hombre no era pequeño como popularmente se dice, pero era de cuello corto y eso lo hacía ver petiso. Casi siempre estaba de pie o caminando, rara vez se sentaba, una prueba más de su energía poco común. Cuando su médico le decía que parase preocupado por sus agotadoras jornadas, decía “El buey ha sido uncido y ahora debe arar”. Y así era, araba Francia y el resto de Europa también.

Tenía una capacidad verbal desusada. Meticuloso. Buen lector, de joven leyó muchos clásicos. Y no le gustaba perder ni en el juego, a tal punto que hacía trampas.

Durante un tiempo su pasión que lo llevaba a la poesía era Josefina, el amor de su vida: "Me despierto lleno de ti… ¡Dulce e inigualable Josefina, si tú supieses el extraño efecto que causas en mi corazón!"

¿Fue un genio militar? Sí. Una tras otra siete coaliciones trataron de derrotarlo. La consigna era “todos contra Napoleón” En Italia venció a cuatro generales austríacos que tenían más tropas, sin despeinarse. Hizo temblar a todos los tronos y potencias del Viejo continente.

¿Fue un gran estadista? Sí. Hasta el día de hoy, su Código Civil, aunque modificado está en las normas legales que rigen la vida de millones.

¿Fue un tirano? También. Un déspota y un expansionista. Por sus acciones, Europa se transformó en un baño de sangre. Y las rapiñas de sus tropas dejaron huella en los países que ocuparon, aunque en eso no se diferencian de otras invasoras. Una pequeña muestra de esto lo vi en la catedral de Sigüenza.

¿Fue Napoleón feliz? Tenía el sino de quienes sufren de ambición de poder. Conquistan la cumbre de un cerro. No lo alcanzan a disfrutar porque se sienten desafiados por la siguiente cumbre aún más alta. Irán por ella. Tras ella aparece otra más empinada. Y en eso se les va la vida.

Probablemente es lo que le ocurrió a Napoleón. Aunque en su caso esa forma de vivir lo llevó a la historia. Esa Historia que debe ponderar las rutilantes luces del personaje y también sus enormes sombras.

 

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