[OPINIÓN] La escasez de profesores está afectando seriamente la calidad de la educación
Dr. Franco Lotito Catino
Conferencista, escritor e investigador (PUC)
Sin que importe mucho la fórmula que se utilice en el proceso de enseñanza-aprendizaje, ya sea que las clases se hagan de manera presencial, virtual, vía telemática o se use un sistema híbrido de enseñanza, el rol del profesor resulta ser un factor clave, sensible e insustituible, especialmente, cuando hay docentes que marcan la diferencia entre sus estudiantes. En este sentido, es preciso destacar, que ser profesor, representa algo más –y que va mucho más allá– que sólo hacer clases.
Diversas investigaciones, tanto nacionales como así también internacionales, tales como las realizadas por la Asociación para la Evaluación del Logro Educativo y por el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), señalan que aquellos alumnos a quienes les tocó en suerte tener “profesores competentes y destacados durante los años previos a las pruebas que permiten el ingreso a las distintas universidades, superaron ampliamente a aquellos otros estudiantes que carecieron de un historial con docentes bien preparados y bien evaluados”.
Un profesor destacado no sólo tiene un amplio conocimiento y dominio de su disciplina, sino que también es aquel profesor que se comporta como un verdadero referente para sus estudiantes, que se transforma en un líder en su clase y que se compromete con sus alumnos, a menudo, más allá del mero cumplimiento con la labor educativa y formativa que le corresponde por su profesión.
A raíz de lo anterior, resulta altamente preocupante saber que Elige Educar, una iniciativa público-privada que funciona bajo el alero del Centro de Políticas Públicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile, haya proyectado que para el año 2030 faltarán –a nivel nacional– nada menos que “33.000 profesores en el sistema educativo a nivel de enseñanza básica y media en todas las asignaturas”.
Las causas principales de este déficit son diversas y variadas, y van desde: la falta de vocación de los jóvenes que eligen estudiar alguna de las pedagogías, un alto nivel de deserción de la profesión docente como consecuencia de las agresiones, la falta de respeto y malos tratos que reciben los profesores por parte de los estudiantes, una caída significativa de la matrícula en carreras de pedagogía, así como el cierre de algunas de ellas en las universidades. De acuerdo con Elige Educar, a lo anterior, se suman varios otros factores: dificultades en el ejercicio profesional, una falta de apoyo profesional, altos índices de estrés que viven muchos docentes, situación que a menudo termina en un trastorno de burnout, condición que se repite en los servicios de tipo educacional y asistencial.
Por otra parte, la Fundación Educacional Oportunidad acusa, que hoy en día, existe “un déficit de alrededor de 6.700 educadoras de párvulos”. Esta falta se debería, una vez más, a diversos factores, entre los cuales, destacan: la “deserción laboral de educadoras por los bajos salarios, una alta carga laboral y desvalorización de la profesión, así como el bajo interés de los jóvenes por estudiar esta carrera”.
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