La difícil tarea de encontrar trabajo después de los 50 años

Dr. Franco Lotito Catino

Conferencista, escritor e investigador (PUC)


Muchas de las personas que pierden su trabajo después de los 50 años, corren un gran riesgo de caer en la desesperanza, frustración, depresión  y conductas poco saludables –como el consumo de alcohol y drogas–, si luego de transcurrido mucho tiempo, no logran encontrar trabajo y no vuelven a reinsertarse en el mundo laboral.

Para un jefe de hogar, el perder su trabajo constituye un gran golpe a su autoestima, a lo cual se suman dos aspectos adicionales: (a) dificultad para enfrentar los gastos mensuales y mantener el hogar funcionando: pago de cuentas, colegiatura de los hijos, deudas con bancos y casas comerciales, etc., y (b) las posibles recriminaciones por parte de la pareja e hijos por no poder mantener el estándar de vida al que estaban acostumbrados.

En términos generales, el promedio de tiempo que tardan en recolocarse quienes tienen más de 50 años, puede variar entre seis meses y hasta un año. En algunos casos –dependiendo de la profesión– puede demorar hasta dos años y más encontrar un trabajo acorde con las competencias y experiencia de la persona. Por lo general, este grupo de cesantes “está dispuesto a ser recontratado por un sueldo inferior al de mercado y menor al ingreso al que estaban acostumbrados a recibir, antes de perder su trabajo”.

Dado el escenario actual de constantes cambios que vive el mundo –avances tecnológicos y la aparición de la Inteligencia Artificial en gloria y majestad–, para una persona que supera los 50 años –incluso si es un profesional con educación superior completa–, encontrar un puesto de trabajo acorde con la experiencia, conocimientos y sus pretensiones de renta, puede convertirse en un escollo difícil de superar. ¿La razón? Estamos “en una sociedad y cultura que privilegia la juventud, a raíz de lo cual, se visualiza a la juventud como una variable que se asocia con ciertas características deseables en los colaboradores”, tales como: flexibilidad, adaptabilidad, creatividad, rapidez y –lo que suena un tanto a “discriminación positiva” en favor de los más jóvenes–  ser menos “mañoso” que un profesional de más edad. A lo anterior se suma un segundo aspecto –que esta vez hay que calificar de “discriminación negativa”–, a saber, que algunas empresas ven al sujeto mayor de 50 años, como poco tecnológico, conservador, muy estructurado y averso al riesgo, una percepción que puede estar muy equivocada.

Un tercer factor que dificulta su contratación es que, en la mayoría de los casos, se trata de un profesional considerado como “sobre calificado para el puesto”, en función de lo cual, a las empresas les saldría más caro que contratar a uno más joven.

Otro factor es cuando se trata de un profesional muy especializado en un área laboral que tiene poca demanda o con grandes avances tecnológicos, ya que corre el riesgo de quedar obsoleto frente a los más jóvenes, si es que transcurre mucho tiempo desde que perdió su fuente laboral, hasta el momento en que vuelve a ser contratado. Sin embargo, el hecho de que el profesional tenga ciertos años a cuesta, puede ser una gran ventaja para la empresa contratante, ya que estas personas suelen tener un mayor grado de paciencia y tolerancia ante situaciones que a los profesionales más jóvenes les producen gran frustración y rechazo.

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