Fundación Patio Vivo y su programa Patio Vivo Cultivable, transforma la educación Técnico Profesional desde Los Lagos

Por Marcial Huneeus, Director Ejecutivo, Fundación Patio Vivo


La Fiesta de la Semilla celebra un nuevo comienzo. Es el momento en que la naturaleza, al finalizar un ciclo, nos entrega sus semillas para resguardarlas, compartirlas y prepararnos para una nueva siembra. Cada semilla contiene la posibilidad de nueva vida, aprendizaje y transformación.

Del mismo modo, el We Tripantu, el Año Nuevo Mapuche, nos invita a reconocer la renovación de los ciclos naturales. Es el tiempo en que el sol alcanza su punto más lejano y comienza lentamente su regreso, anunciando el renacer de la tierra y de todo lo que habita en ella. Nos recuerda que siempre existe un nuevo día, una nueva oportunidad para crecer, aprender y reencontrarnos con aquello que nos sustenta.

En el marco de Patio Vivo Cultivable, esta celebración adquiere una dimensión aún más profunda. A través de la huerta, la cocina y el aprendizaje al aire libre, las y los estudiantes experimentan de manera concreta los ciclos de la naturaleza, comprendiendo que las semillas no solo son el origen de los alimentos, sino también portadoras de cultura, identidad y conocimientos que han sido transmitidos por generaciones.

Realizar esta celebración en los liceos cobra un valor especial, porque nos conecta con los saberes del territorio, las tradiciones locales y los ritmos de la naturaleza. Es una instancia para compartir, intercambiar semillas, historias y experiencias, fortaleciendo los vínculos entre estudiantes, docentes, familias y comunidad. Así, la semilla se transforma no solo en un símbolo de vida, sino también de colaboración, pertenencia y continuidad entre generaciones.

En tiempos marcados por la inmediatez, detenerse a observar los ciclos de la naturaleza y reconocer nuestra dependencia de ellos es también un acto educativo. La Fiesta de la Semilla nos recuerda que cultivar no es solo producir alimentos: es aprender a cuidar, a compartir y a comprender que todo crecimiento requiere tiempo, dedicación y comunidad. Ese es precisamente uno de los propósitos de Patio Vivo Cultivable: transformar los espacios educativos en lugares donde la naturaleza, la cultura local y el aprendizaje se encuentren para formar personas más conscientes de sí mismas, de los demás y del entorno que habitan.

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