El Legado de Amabilidad y Sonrisas que nos dejó el Suboficial Mayor Javier Figueroa Manquemilla

Javier Eduardo Figueroa Manquemilla tenía 36 años cuando falleció, 16 de los cuales fue funcionario de Carabineros desempeñándose desde el 2014 (antes estuvo en Panguipulli), en la Primera Comisaría de Puerto Varas, donde conoció a su esposa, la Sargento Segundo Marisol Valenzuela, con quien estuvo casado diez años, y dejó a un hijo de siete años.


Mucho hemos hablado de la muerte del mártir de Carabineros de la Primera Comisaría de Puerto Varas, Suboficial Mayor Javier Figueroa Manquemilla, pero poco hemos hablado de su vida.

Javier Eduardo Figueroa Manquemilla tenía 36 años cuando falleció, 16 de los cuales fue funcionario de Carabineros desempeñándose desde el 2014 (antes estuvo en Panguipulli), en la Primera Comisaría de Puerto Varas, donde conoció a su esposa, la Sargento Segundo Marisol Valenzuela, con quien estuvo casado diez años, y dejó a un hijo de siete años.

Marisol nos quiso contar cómo era la personalidad de Javier en su trabajo y con su familia.

“Tenía un carácter muy amable y extrovertido, muy trabajador. En su trabajo le gustaba enseñar lo que él sabía, compartir sus conocimientos, siempre sacaba un sonrisa a sus compañeros a pesar de demostrar ser una persona seria. No tenía miedo de hacer su trabajo o de combatir la delincuencia”.

“Era una persona amable. Siempre intentó mediar en los conflictos con el diálogo primero, calmando la situación. En su casa era un hombre que amaba con todo su corazón a su señora e hijo y no dudaba en demostrárselo y decirle a todas las personas que podía, que su mundo era su esposa e hijo, muchas personas que lo conocieron pueden dar fe que él expresaba siempre el amor que sentía por nosotros”.

“Siempre era quien organizaba los partidos de fútbol en el trabajo y llamaba a cada uno de los colegas que normalmente jugaban fútbol, para invitarlos o convencerlos de jugar y compartir un rato de entretención. Le gustaba el Colo Colo pero no era tan fanático de ver fútbol, sino de jugar fútbol. Estaba dispuesto a reservar la cancha y pagar, aunque no todos después le cancelaran, con la finalidad de solo jugar”.

“Era una persona que podía conversar con todos sin ningún problema, pero mantenía un círculo de amistad cercana de 6 amigos, con los cuales no podía faltar juntarse unas 3 o 4 veces al mes, para ponerse al día, comerse unas carnes y reír”.

“Su sueño más grande era tener a su familia feliz, darle lo mejor a su familia, esforzándose en su trabajo en Carabineros como en su pequeña empresa que mantenía, la cual fue creada pensando en ese sueño que era darle un mejor futuro a su hijo”.

Relata Marisol que anécdotas hay muchas sobre Javier “pero no todas son para contar. Era una persona que no tenía vergüenza, entre sus colegas hay varios gif en WhatsApp, de las cámaras de la unidad donde él sale bailando al recibir o entregar su servicio, aunque sabía que habían cámaras no le importaba, e incluso lo hacía para después hacer reír a sus colegas”.

“Otro detalle importante” nos cuenta finalmente Marisol “él amaba a sus abuelos quienes fueron los que lo criaron. Tenía mucho respeto por ellos y admiración y estuvo siempre muy agradecido por todo lo que le entregaron desde muy pequeño”.

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