Opinión

[OPINIÓN] "Diferencias políticas en la elección municipal" Por Pablo Hübner

El Heraldo Austral

¿Qué diferencia hay entre un candidato y otro candidato?

Todos quieren mejor seguridad, medio ambiente, salud, cultura y deporte, bienestar en general. Todos quieren más participación. Todos quieren obras públicas integradoras. Todos quieren que los niños sean felices y la paz mundial.

Lo que cambia son los nombres. No todos se llaman igual. No todos tienen la misma historia, el mismo pasado, la misma experiencia. Lo otro que cambia son los apoyos. Más allá de si son militantes o independientes, cada candidato cuenta con su propia base de apoyo. La anhelada transversalidad nadie la tiene del todo. Quienes creen tenerla, creen demasiado.

Sobre el contenido de cada candidatura aún se sabe poco. Mucho ruido, pocas nueces. Todo es demasiado general, apenas los títulos de las canciones. Ya pasó la primera quincena de enero, pero en lo electoral, no lo pareciera. Entre febrero y marzo debería desenvolverse el relato completo de propuestas y perspectivas para la comuna. Hasta ahora, las candidaturas parecen mucho más marcadas por las auto referencias que por las diferencias.

¿Los candidatos hablan de los otros candidatos? ¿Comentan lo que comentan? No tanto. La competencia corre por rieles paralelos. En la elección municipal anterior pasó algo parecido. Incluso en el debate final los candidatos, en su mayoría, evitaron referirse a los otros candidatos. Sin menciones. Sin confusiones.

Mientras, la publicidad política se esfuerza en no parecer publicidad política. Hasta el hastío se publican videos con forzado intento de épica en redes sociales, el programa maqueteado en la radio, el cerro de fotos con el diario de vida de los candidatos y sus actividades. Nos juntamos con, acá estamos con, tantas reuniones acompañadas con el verso de nosotros creemos que, porque nosotros somos y luego, alguna palabra asociada a la esperanza y el futuro. Una fórmula repetida que se arroga usar la palabra nosotros sin mesura, sin pudor. La atribución es avasalladora y se justifica en el objetivo que pretende, representar a nosotros. Este derecho se ejerce como triunfo prematuro, con toda la mala suerte que suele traer celebrar y ejercer antes de tiempo. Mientras, el debate de las ideas sigue siendo apenas una suma de buenas intenciones que daño no hacen, pero apenas consiguen colaborar para que el votante pueda establecer diferencias sinceras entre los candidatos.

Para oxigenar el cansancio de la auto referencia superficial, se agrega el servicio de utilidad pública, con consejos para emprendedores, postulaciones a fondos, asesoría jurídica y otros. El siguiente paso, la maqueta para que se pueda ver proyectado el anhelo de una costanera nueva, las nuevas plazas, paseos y baños públicos, fuentes para tomar agua y pistas para andar en patines. Eso, incorporando propuestas de procesos de participación. Todo este esfuerzo para generar la conversión de un voto más. Alentar, acercar el trazo del lápiz al nombre de la candidata o candidato en la urna este mes de abril. La política de la auto referencia castiga la justa competencia y lo que se omite, destaca por su ausencia.

Quedan algunos meses, es cierto, pero tampoco queda tanto, por lo mismo, cuesta entender tan poca presencia de ideas y tanta auto referencia. Este concurso de simpatía exacerbada, que intenta ridículamente no parecer publicidad, no sólo perjudica la calidad de la elección, también perjudica a las candidaturas que así se desenvuelven. Cuesta imaginar que una candidatura incompleta sea una buena opción.