Conmoción ha causado en la zona urbana de Puerto Varas una serie de ataques a mujeres y niños por parte de una persona en situación de calle con problemas de salud mental. Un grupo de veinte afectadas se reunió esta semana en la puerta del municipio para manifestar su preocupación. No solo se trataba de su seguridad, sino también de la persona que cometía estos actos.
Este tipo de casos no son nuevos. Hace unos meses ocurrió un hecho similar: una persona fue atacada en el cuello con un arma blanca. En el video, que circuló por todo el país, era evidente la cara de asombro de la víctima en plena luz del día. Se suma el caso de la evitable quema de la casa al lado del Santa Isabel, y todo lo que pasaba en su interior antes del incendio. Se sabía, pero no se controlaba debidamente, hasta que fue demasiado tarde.
Más allá de los matices, son situaciones donde las personas agredidas se sienten en la más completa indefensión, así como también las personas que cometen los hechos. Es un problema de seguridad y un problema social. ¿Quién se hace cargo? ¿Qué se puede hacer? ¿Otra detención por parte de Carabineros? ¿Cuántas horas?
Empatizar con quien ataca resulta inevitable, así como sus actos, son inaceptables. La tensión entre la seguridad y la asistencia social conversan desde veredas distintas. Problemas de salud mental, educación y abuso. Violencia, trauma y vulnerabilidad se entrelazan en una ecuación imposible, muchas veces cruzada por el delito. Terrores que acechan los años, marcan el paso, causando estragos que deben ser atendidos de manera profesional por el área de salud. ¿Pasa eso? ¿Cómo funciona el sistema de asistencia social en Puerto Varas para las personas en situación de calle? ¿Existe un protocolo de manejo para estos casos? ¿Cómo conversan los distintos organismos vinculados para ofrecer soluciones tanto humanitarias como de seguridad ante estos problemas?
La respuesta depende de múltiples factores, lo que diluye cualquier certeza. Nadie asume la responsabilidad, porque siempre la responsabilidad es del otro. Es casi como otra forma de solidaridad. Entregar lo que pertenece. Incluso, la residencia del registro social de la persona en situación de calle puede servir como el ticket para decir, me importa, pero no tanto, porque no me corresponde. Podemos decir que no podemos hacer nada. El agresor ni siquiera es de esta comuna. Entonces se comunica que se colaborará por otros medios, pero, sin precisar qué medios. ¿Por qué no se precisa? Las declaraciones generales ante preguntas específicas suelen acusar ausencias.
Las víctimas de la violencia deben escuchar explicaciones vacías por parte de la autoridad, que por lo que dicen, parecen ser las de otras víctimas. El peso de los cargos asociados tiene el piso frágil, a punto de quebrarse, los muros son muy altos y no hay ventanas. Una y otra vez repiten la condición doliente de sus propias limitaciones, buscando en las fronteras de las excusas, explicaciones que movilizan la responsabilidad, incluso, que la trastornan. Ya no es una responsabilidad, sino que apenas una voluntad. Así, lo justo se convierte en una limosna de antojo, desprendiendo el sentido del deber a una solidaridad de alcancía, condicionada al volumen de la conmoción pública. Seguridad, asistencia social, y justicia, comparten un estrecho lugar, donde nadie parece estar. Tanto es así que se solicita hacer varias denuncias, para ganar notoriedad. Los hechos no son suficientes.
Mientras, lo obvio: Nadie debería caminar con miedo a ser atacado en la calle. La representación del ejercicio del poder, según sus atribuciones, debe garantizar la seguridad de las personas. Esta es una función prioritaria y básica. La relación, compleja, entre los organismos vinculados en este tipo de situaciones no puede excusar en sus limitaciones la falta de acción. No resulta aceptable que la autoridad haga de la relación entre las víctimas, los victimarios, una suerte de victimismo conveniente para ofrecer el dilema de que se está haciendo de todo, mientras no es mucho lo que se puede hacer. Porque, sea lo que sea que están haciendo, no está funcionando. Si el día de mañana la situación empeora, sobrarán todas las explicaciones.