Señalemos de partida, que los rasgos y características de personalidad de la gente emocionalmente fuerte nada tienen que ver con la dureza de carácter, con el hecho de ser personas inflexibles o con la tendencia a imponer su voluntad por sobre los demás.
La fortaleza de las personas emocionalmente fuertes no se expresa por medio de gestos y/o actos de fuerza, de elevar el tono de voz o de golpear con fuerza la mesa, sino que a través de la capacidad de autocontrol, fortaleza y resistencia personal.
En función de lo anterior, aquellos rasgos que distinguen a las personas emocionalmente fuertes, se vinculan directamente con los conceptos de equilibrio, ecuanimidad y moderación. Si bien, al venir a este mundo, nacemos sin ninguna de estas cualidades o rasgos de carácter, el potencial para desarrollar cada una de ellas está ahí y dependerá de cada uno de nosotros el lograr su desarrollo y convertirlas en parte relevante de nuestra esencia como personas.
En este proceso de desarrollo, el autocontrol representa el concepto clave sobre el cual sentar, justamente, las bases de nuestro progreso hacia convertirnos en personas emocionalmente fuertes. Destaquemos, eso sí, que el autocontrol nada tiene que ver con “reprimir las emociones”, sino que con la “habilidad de gestionar aquello que sentimos”, de modo tal, que no se produzca un desborde emocional que nos conduzca a actuar de manera que terminemos haciendo daño a los demás, o bien, a nosotros mismos. Revisemos, entonces algunos de estos rasgos o cualidades:
- Firmeza y asertividad: uno de los rasgos de la fortaleza emocional es la capacidad para decir ¡NO! cuando corresponde, así como la capacidad para afrontar el rechazo y aceptarlo sin que ello dañe nuestra autoestima. Está claro –y es comprensible– que a todo el mundo le duela el rechazo, sin embargo, hay que tener presente, que cuando esta situación genera miedo o temor en las personas, éstas terminan diciendo “Sí”, cuando en realidad querrían decir “No” y, a menudo lo hacen por temor a ser excluidas, o bien, para evitar ser cuestionadas.
- No buscan ser el centro de atención: son personas que se validan a sí mismas, a raíz de lo cual, no necesitan –ni dependen– de la opinión de terceras personas, a fin de pensar y/o sentir que lo propio es válido o adecuado, por cuanto, las personas fuertes emocionalmente se dejan guiar por su propio criterio y por su sentido común.
- Tienen claro qué es lo que quieren o desean: no se trata de que la persona haga lo que quiera o que actúe en forma arbitraria y caprichosa persiguiendo aquello que desea. Tampoco se trata de dar rienda suelta a los impulsos, sino que el actuar del sujeto es producto del autoconocimiento que tiene la persona de sí misma acerca de lo que desea y del autocontrol que la distingue.
- No buscan perjudicar a otros: los seres humanos somos seres gregarios que necesitamos de los demás, a raíz de lo cual, somos personas interdependientes que viven en comunidad. La persona emocionalmente fuerte y saludable tiene muy claro este aspecto y, por lo mismo, ve a los demás como iguales, los respeta y los valora tanto como desea ser valorado y respetado, apegándose a una “regla de oro” de la Antigüedad que pide, justamente, “tratar a los demás, como se desea ser tratado”.