• 20 de Octubre

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¿Qué lleva a una persona a querer vengarse?

Dr. Franco Lotito Catino

Conferencista, escritor e investigador (PUC)


No cabe duda alguna, que en torno al proceso de “querer tomar venganza” sobre aquel individuo que nos ha hecho algún tipo de daño, hay una serie de emociones directamente involucradas en la búsqueda de la venganza: rencor acumulado, resentimiento, mucha rabia, odio, desdén, orgullo herido, etc., donde el daño inicial recibido se procesa como un dolor emocional en la zona de la ínsula inferior del cerebro.

De acuerdo con diversos estudios, la venganza tendría profundas raíces biológicas en los seres humanos y refleja lo que los expertos llaman un “primitivo sentido de la justicia”. Incluso en la Biblia se habla de la Ley del Talión: “Ojo por ojo, diente por diente”.

Los investigadores y neurocientíficos que se han dedicado a estudiar este fenómeno señalan que cuando una persona es ofendida, de inmediato de “encienden” en su cerebro las mismas zonas cerebrales que se ponen en funcionamiento cuando alguien busca satisfacer un  anhelo o fuerte deseo, con la diferencia que en el caso de la ofensa, el individuo ofendido se prepara para devolver la ofensa –o el golpe recibido– a su agresor.

El Dr. Eddie Harmon-Jones, neurocientífico de la U. de Wisconsin, EE.UU., ha demostrado que cuando una persona es agredida, el cerebro de este sujeto experimenta un verdadero estallido neuroquímico con mucha actividad cerebral en la zona prefrontal, zona que ha sido relacionada con el manejo de las normas y el equilibrio social. Lo curioso de este hecho, es que el deseo de venganza activa, principalmente, el sistema de recompensa del cerebro, similar a los circuitos  relacionados con las adicciones y el placer y, en el caso de la venganza, de lo que se trata es de recuperar el equilibrio perdido por intermedio de una acción tan simple y básica como devolver el golpe recibido al causante del mal.

Es, justamente, la sensación que experimenta el sujeto de haber perdido algo después de una afrenta o de una agresión, la que explicaría ese instintivo y, casi universal, deseo de venganza, estudiado en todas las culturas, mostrando la  misma fuerza y potencia.

El Dr. Harmon-Jones afirma que cuando “una persona es agredida, algo se pierde, y en la búsqueda de la venganza, lo que desea es hacerle lo mismo a aquél sujeto que le ofendió o le hizo daño”, es decir, la corteza  prefrontal medial dorsal del cerebro se activa y selecciona el nivel de daño a infligir al provocador, lo cual, cumpliría una suerte de función psicológica de tipo reparatorio, a través de la cual, el ofendido recupera el equilibrio que perdió con la agresión-ofensa, quedando ambos en igualdad de condiciones.

Ahora bien, la recuperación del equilibrio no pasa única y exclusivamente por golpear de vuelta al ofensor, ya que la verdadera satisfacción en una revancha proviene de una exposición pública de quién cometió la falta. El Dr. John Darley, de la Universidad de Princeton, se suma a lo señalado por Harmon-Jones, afirmando que un “ofensor expuesto ante todos, hará más feliz al ofendido que cualquier otra cosa”.

Por otra parte, Lord Byron, poeta británico del romanticismo, decía que “dulce era la venganza, sobre todo, para las mujeres”.