• 21 de Octubre

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[OPINIÓN] Primavera

Por: Pablo Hübner


Lo vemos después del 18. Una frase que marca esta semana, en la que se retoma la normalidad luego de días de fiesta con la familia y los amigos. Los asados, las empanadas, los brindis, los bailes, quedan ya en el recuerdo, muchas veces imborrable, de momentos felices. Buenos días para recordar a quienes, por diversos motivos, ya no están. Ver los volantines que se juntan con las nubes.

Se aproxima octubre, el último mes antes de las elecciones de noviembre. Entre los meses primaverales hay una relación importante que tiene que ver con el pasado reciente. Septiembre y sus fiestas patrias, octubre con la memoria del estallido social y noviembre, el acuerdo para el proceso de entrada de la convención constituyente 1 y 2.

Puerto Varas vivió la violencia de octubre, tal vez no como en otras zonas del país, pero sí en la latente amenaza. Además de los cortes de la principal ruta que conecta con Puerto Montt, se cortaron las calles del centro con fogatas improvisadas y piedrazos a carabineros. Incluso se registraron daños en la comisaría, con vidrios rotos en la fachada. La iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, emblema de la identidad comunal, fue amenazada de incendio. Por burdo que parezca aquel esfuerzo, no se puede subestimar el intento.

Noviembre de 2019 fue el mes del acuerdo para abrir el proceso constituyente. Un proceso que tensionó al país en dos oportunidades. Más o menos región, más o menos país, más o menos ciudadanos, más o menos chilenos. La estrella de la bandera y sus afiladas puntas. Chile despertó parecía el sueño de estar despierto. La semántica de hablar de la calle diciendo que era el territorio, donde el ciudadano, el vecino, el compañero y el compatriota compartían distintas veredas, pero siempre agrietadas. La incertidumbre y la polarización fueron piezas de un tablero golpeado.

En aquel entonces el movimiento Transforma Puerto Varas, exitoso en su afán reactivo a la baja popularidad de los partidos políticos y la pobre defensa de su relevancia a nivel local y nacional, decidió, luego de un proceso deliberante, apoyar la opción del apruebo en el primer proceso constituyente. En la memoria queda cuando se reunían con Benito Baranda en la plaza para defender una posición que implicaba cambios sustanciales en el país y en las regiones. Luego del triunfo del rechazo todo eso parecía pasar al olvido, incluso, no se vio ni una acción asociada al segundo proceso constituyente, que tampoco logró ser aprobado, muy probablemente por sus excesos ligados a lo que mal se entiende como la agenda valórica o moral.

Hoy todo esto parece desdibujado en un pragmatismo ejecutivo. Ni la palabra transforma suena por estos días. La manera en que se enfrenta la polémica está atenuada por una moderación que sí parece genuina. Una reflexión que también se explica en los descolgados, no sólo del movimiento, sino también de la semántica del nombre. Esos no son pocos. Incluso, implica a sus líderes más evidentes. La gradualidad pasó a ser una condición inevitable, una cuota de realismo, de aceptación, de aprendizaje. El énfasis se manifiesta con la lección de que el día a día, persona a persona, momento a momento, implica mucho más que sólo imponer colectivamente una posición que busca ser mayoritaria mediante el recurso exagerado de integrar todas las causas convenientes y/o populares. Pertenecer a algo no siempre te hace más alguien. Se subestima la pequeñez y, cuando se reconoce la osadía ingenua, se ilumina la necesidad de humildad.

Este año electoral es imposible no recordar todos estos momentos. La primavera chilena. Incluso, puede que determinen la elección. Puerto Varas debe cuando menos conceder de que nunca más habrá espacio para la violencia, las fogatas en las calles, los ataques a carabineros con piedras, las amenazas con fuego a la iglesia. No siempre se trata de ser de derecha, de centro o de izquierda, ecocentrista o antropocentrista. Preferencias aparte. A veces es simplemente una cosa de respeto cívico. Ni el apruebo ni el rechazo fueron más fuertes que el valor y el respeto por lo público. Entonces, con dos fracasos constitucionales, Chile despertó. La vida en comunidad sin propiciar la paz social no existe. Algunos meses específicos no saben más que todos los días del calendario, la rutina y el día a día. El paso del tiempo, el peso del trabajo constante, las décadas, el espejo que saluda cada mañana y la herencia de los que ya no están.