• 28 de Octubre

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Política regional

Por: Pablo Hübner


Regiones. Esa es la palabra que se usa para hablar de cualquier lugar que no sea Santiago. Regiones es un concepto amplio, diverso, curioso. Distintos paisajes, realidades, formas de vida, problemáticas, climas, se unen en esta amplia palabra. Hace algunos años se decidió que las regiones debían ser mencionadas por sus nombres, no números, como era el caso de la región Metropolitana. Se decía que los números eran demasiado duros, que confundían, que uniformaban.

Este debate era reactivo a la sensación generalizada durante décadas de que en Chile hay un centralismo que no permite que las regiones tomen sus propias decisiones. De que todo se consulta en Santiago. La sensación es antigua, probablemente viene desde antes del tiempo de los grandes campos y el crecimiento de las grandes ciudades, siguió cuando las llamadas telefónicas entre regiones eran consideradas de larga distancia, avanzó con el crecimiento de la capital, sobre todo en infraestructura, que no se veían en otras ciudades regionales. Se notaba que no era lo mismo. Tal vez se sigue notando. No queda claro de si son tratos equivalentes, tratos privilegiados, o tratos diferenciados, lo que genera debates que despiertan interés. También oportunidades, sobre todo en lo político. La idea pegote del nosotros somos de la zona, los otros son los afuerinos, tiene ventajas. Una relación curiosa de autonomía relativa para una dependencia conveniente.

Entre las regiones y el centralismo hay una situación no resuelta. Es como una deuda histórica. Parecido pasa con los grandes focos urbanos de cada región y la ruralidad que los circunda. Se construye una distancia que pronto se comprende como una postergación, y en reacción, se configura una autonomía. No es claro que exista una estrategia convenida de desarrollo integral y unificador para cada una de las regiones, menos que surja desde las regiones, para las regiones. Se dice que sí, se enfatiza que sí, se promete que sí, se gasta como que sí, pero ¿es así? No es claro. Tal vez es un trabajo en construcción, un proceso permanente que debe ir fluyendo, para así abrir su propio camino a lo largo de los años. Tal vez hay que apelar al relato de los objetivos de desarrollo sostenible de Naciones Unidas. La participación de la comunidad, los vínculos con las organizaciones sociales, el rol de los municipios, las juntas de vecinos, las agrupaciones, las fundaciones, las articulaciones con otras fuerzas de representación, el todos y todas que se hacen parte del camino. La fuerza del diagnóstico que pasa por el cielo como una estrella. Y la espera por el deseo solicitado hasta que amanece y hay que ir a la pega.

Como se sabe, el trabajo político en silencio no está de moda. Lo que se hace ahora es la multiplicación de los encuentros, seminarios, charlas. Auditorios llenos y sus recreos de café a media mañana para compartir visiones profundas sobre problemas profundos. También algunas fotos. Esto es parte de una transmisión permanente, cotidiana y generalizada de actividades por redes sociales. Se le adicionan otras reuniones, encuentros, almuerzos, visitas a terreno, como se llama ahora de manera tan elegante, al salir a la calle. Particular atención se despega cuando el viaje de la autoridad regional representante se anuncia hacia Santiago. Ese es un momento especial. Es la hora de ponerse serio. El viaje es para algo importante. Puede ser un seminario, siempre es una alternativa, como también, puede ser la atención de algún tema postergado, muy probablemente, por el realismo del centralismo y las dificultades que aún persisten para las llamadas regiones.

El viaje de la autoridad regional representante se comunica con espectacularidad. Fotos antes de viaje. Durante el viaje. El video con las conclusiones. Un completo compendio activo para mantener a la comunidad informada de lo que pasa. Hablar con el ministro del área del problema relevante para la comunidad no es lo mismo que con el seremi. Para eso hay que viajar. El viaje es un evento político. Y cuando la autoridad a nivel central es la que viene de visita, también es un evento político. Esta situación no deja de hacer eco en lo que significa de manera efectiva el llamado poder para las regiones. La relación de influencias y determinación de acción entre la figura del gobernador regional, la delegación presidencial, con su equipo de seremis, y los distintos municipios, aún no reemplaza un buen viaje a Santiago. De preferencia sin escalas.

El conflicto de los convenios directos con fondos públicos ha generado una reacción en cadena y se ha tomado la agenda. Las explicaciones construyen laberintos, las acusaciones se escuchan entre sus muros. Cada día que pasa es un capítulo nuevo. Otra región. Otro programa. Otra fundación. Otra asignación directa. Otra escasa política de seguimiento. Otra explicación. El poder para las regiones empieza a ver cómo hay muchas formas de participar de lo que eso significa.

La crisis del estallido social en parte tiene que ver con la pérdida de confianza. La sensación fundamentada de que hay abusos. Desprolijidad. También de que hay tontería, que puede ser peor que la maldad, como decía el poeta Armando Uribe. La crisis de los convenios que vive el país y las regiones es un problema serio. Un problema que se podría haber anticipado. Un problema que se podría haber evitado. El daño que esto genera a las regiones va más allá de los fondos. El poder a las regiones puede ser también un botín.