Opinión

[OPINIÓN] Sobre las cámaras apagadas en clases virtuales

El Heraldo Austral

Tal como se ha señalado otras veces, la virtualidad agota tanto a docentes como estudiantes. A quienes tienen mayor autonomía las clases virtuales incluso pueden favorecer su aprendizaje, pero no funciona igual para todos.

Resulta desmotivador, especialmente para profesores de niños pequeños, el que las cámaras estén apagadas. No es posible aplicar las distintas estrategias que existen para “traer de vuelta” a la sala a un estudiante inquieto o distraído, como se logra en la presencialidad. 

Sin el contacto visual, aunque sea el de la cámara, no se puede advertir si el niño no entendió alguna instrucción o requiere que se repita la información.

Con las cámaras apagadas, además, no se genera interacción entre los alumnos, tan necesaria en esta época. Para los profesores, la cámara es fuente de información primordial, puesto que en este contexto se nos han cerrado muchas otras, como los recreos, los proyectos o las visitas a lugares, donde se veían otras dimensiones de los estudiantes. 

Hoy sólo nos queda la cámara para tratar de traspasar la distancia física y buscar el desarrollo integral de cada niño.

Por otro lado, es importante considerar que cuando un niño no quiere mostrarse también manifiesta algo. Podría estar enojado o viviendo situaciones familiares difíciles, o tal vez no le gusta esta forma de hacer clases pues quisiera estar con sus compañeros.

Después de un año y medio de pandemia, los profesores hemos aprendido la importancia de establecer normas de convivencia para una eficaz clase virtual. 

Encender las cámaras, regular los micrófonos, e incorporar todos los nuevos elementos que ofrecen las plataformas online, pueden ser excelentes complementos para el desarrollo de la educación, si se usan de la manera correcta.

Carola Quinteros, directora de Escuela

Pedagogía en Educación Diferencial

Facultad Ciencias de la Educación 
Universidad San Sebastián