Opinión

[OPINIÓN] "Post Pandemia" Por Pablo Hübner

El Heraldo Austral

La semana pasada la capital regional, Puerto Montt, pasó a fase 4. En Puerto Varas seguimos en fase 3, pero todo indica que falta poco, paso a paso. El avance del proceso de vacunación, la elaboración de los protocolos y el pase de movilidad, han permitido cambiar la tendencia y así, retomar la normalidad. ¿Qué normalidad?

Después de un evento tan disruptivo y traumático como la pandemia, es imposible volver a estar igual. Lo de antes ya no existe como antes. El pasado es demasiado reciente para lo distante que se siente. ¿Todo será diferente? No. ¿Todo cambió? No. ¿Las cosas serán como antes? No.

Lo normal, lo acostumbrado, lo típico, queda ahora entre la nostalgia, el juicio deliberante y muchas veces categórico del error y también, en el posible futuro. No en el presente. El presente parece que está en una sala de espera, contando minutos y baldosas, hasta que lo terminen de atender para que pueda partir, ya sin toque de queda.

Entre tanto, los procesos institucionales instaurados para superar la crisis política siguen en curso, la renovación de la política y sus líderes parece inminente, mientras las críticas de los optimistas y los pesimistas llenan las hojas de los diarios. También le cambiaron el nombre a la Negrita. Ya no va más. Chokita es el nuevo ahora. La decisión se comunica como parte del nuevo trazado entre el bien y el mal. Las discusiones sobre la dulce galleta parecen inútiles, pero no lo son. Son necesarias precisamente porque existe una nueva relación entre la costumbre y la disposición que la permite. Trazar nuevos límites sin exagerar es una cosa compleja, sobre todo porque antes se hacía y no estaba funcionando.

Estos cambios son particularmente desconcertantes entre quienes antes han determinado la parcial y absoluta normalidad, en el ejercicio del poder político, económico, religioso o social. Ahora, en el afán de intentar adaptarse sin cambiar, elaboran peroratas calculadas, para insistir en un retorno conveniente a esa normalidad que ya no existe, en la búsqueda legítima de seguridad. Es como el anhelo de moderación, tan propio de quien no ha padecido la urgencia, pero sí empatiza con ella y la adopta con pasión como uno de sus tópicos de conversaciones para el almuerzo.

La post pandemia a su modo es como la post modernidad. ¿Existe tal cosa? Al menos existe la sensación severa de una reacción ante algo grande, como la idea de las pancartas de las marchas: ¿No son 30 pesos son 30 años?

Estas preguntas ingenuas corren riesgo de ser objeto de la ametralladora del deber ser y de lo que hay que decir, todo, en nombre de la libertad de expresión. La masificación de los teléfonos inteligentes y las redes sociales, permitieron, para bien, la expresión de otras voces, la diversidad. Pero, muchas de esas voces funcionan como cuchillos que se afilan entre los convencidos. Con filo se arrogan el derecho a establecer la medida de lo justo, aplicando la misma actitud que reprochan. Como dicen, no hay peor cosa que ser como tu enemigo.

Más allá de cualquier sistema de organización político, ideologías, cambios o reformas al sistema, están las personas y la naturaleza. La OMS ha dicho que la pandemia surge por la manera en que la economía, actividad humana, se relaciona con el entorno, y las consecuencias de esa relación: La crisis de extinción de especies y el cambio climático. Esto es importante, pero no sólo por los pandas, como ridiculizan el argumento, sino también por la memoria de los más de 30 mil chilenos muertos por la pandemia. Muchos de ellos se fueron sin poder despedirse. También tenían mucho que decir. Es triste, pero ahora entre ellos hay más similitudes que diferencias. Después de la vida existir es más nítido y pasajero. Después de la muerte la vida es más real.

La post pandemia parece ser tan vulnerable y propensa como la pandemia. La presencialidad volverá, pero el sentido de estar será mucho más importante que los aforos permitidos. ¿Qué es estar y dónde estamos? Comuna, región, nación, continente, planeta, universo. Pertenecer tiene residencia y se revitaliza como verbo. Las fronteras son como la fuente de la imaginación en tiempos de post pandemia. La defensa de la diversidad tiene la necesidad de prevalecer por sobre el riesgo de ser otro tipo de uniforme. El valor del momento adhiere a la radicalidad en el ahora o nunca. Las diferencias y similitudes no están por sobre de la naturaleza que las genera. Pertenecer nunca fue tan elemental.

Por: Pablo Hübner