• 23 de Octubre

Sugeridos:


Los perros de Puerto Varas han tenido que vivir más de un año en pandemia. Desde marzo del año pasado ven que sus familias están más tiempo en la casa. El perro ve cómo los integrantes de su familia se ponen una mascarilla antes de salir. Además, su olfato reconoce que el jabón para lavarse las manos se usa más que antes. Los perros se dan cuenta de que hay menos visitas y las celebraciones, son mucho más acotadas. Cuando alguien sale de la casa, quienes se quedan en la casa, le dicen al que sale: cuídate mucho.

Los perros que viven en las casas han tenido un año difícil. Si bien poder estar más tiempo cerca de la familia es algo bonito, también es complicado. Lo que más quiere un perro es que su familia sea feliz. Pero, muchos perros han visto y escuchado los problemas que hay en las casas. En cada casa hay situaciones difíciles. Algunas se solucionan. Otras no. Otras simplemente empeoran. La pandemia ha generado problemas en todos los niveles. Situaciones diversas y delicadas. No para todos es lo mismo, porque esta emergencia para nadie es igual. Además, hay cosas que se saben y cosas que no se saben. A veces son problemas de salud, física o mental. A veces son problemas financieros, ante la tragedia económica que ha significado la pandemia. A veces es sentirse solo y frustrado y no saber qué hacer. Mirar el techo sin encontrar el techo. A veces es el pesar de tener algún integrante de la familia enfermo, o peor, alguien que falleció. A veces es un problema de abuso, de violencia. Es muy triste para los perros no poder hablar y denunciar, tal como debe ser, este tipo de situaciones. A veces los perros no saben qué hacer, pero quieren hacer algo, porque los perros todo lo ven y todo lo sienten. Acompañan con su mirada, con su presencia, con su consuelo.

También hay perros que han visto cómo algunos de los distintos problemas se superan. Escuchan las novedades y las celebran con su cola que se mueve rápido. Son testigos de los avances. Tanto en las noticias importantes como de las que no tanto. Nos dieron el alta. Estamos mejor. Dejé de fumar. Llegó el sushi. La incertidumbre me preocupa menos. Creo en lo que estoy haciendo. Me llamaron. Nos volveremos a ver. Cumpleaños feliz. Me vacuné.

Los perros de Puerto Varas que viven en las calles también han sido testigos de los cambios. Los humanos caminan enmascarados y hacen filas en todas partes. Casi nadie se sienta en la plaza. Quien se sienta, pronto se va. Los fines de semana es peor. Los perros que viven en las calles caminan entre las esquinas del centro de la comuna, anhelando que pase una moto para correr un poco, pero ya no pasan motos como antes. Todo anda como más lento. Se ven más las rejas que las vitrinas y muchos negocios tienen un papel que dice: se arrienda local. Otros tienen un número en la puerta que dice: aforo permitido.

Los perros de Puerto Varas saben lo que está pasando. Tienen un gran olfato, en todo sentido. Dicen que incluso pueden predecir los terremotos. Como que se ponen inquietos. Además, los perros saben querer. No piden que uno sea más ni menos, ni mejor, ni peor. Apenas, querer de vuelta, aunque sea un poco, como si quererlos poco se pudiera.

Los perros nacidos en pandemia y los perros que conocieron los cambios que la pandemia ha generado en las familias de Puerto Varas, se juntan a conversar en la noche. En medio del toque de queda, los ladridos interrumpen el silencio que permite la ausencia de autos en circulación. Los perros comentan cómo eran las cosas, como son las cosas, como creen que pueden ser las cosas. Piensan en nosotros. Hay más vida que lo que pasa entre los humanos. Tanto los perros como los gatos de Puerto Varas lo saben. Los otros animales también lo saben. Los humanos a veces lo olvidan.

Por: Pablo Hübner