Opinión

[OPINIÓN] La Imagen del Ajedrez detrás de “Gambito de Dama”

El Heraldo Austral

La actual, “joya de la corona de Netflix”, que aún no supera a la otrora, “The Crown” (en sintonía) tiene como referentes de confinamiento físico y emocional, a la olvidada película “Juego de Reyes” (1960) y a la desapercibida, “La Defensa de Luzhin” (2000) en el recurso de la elipsis.

“Reinas, o más bien pilares como sacados del interior de una iglesia”. Qué niño no ha tenido esta imagen casi macrofóbica sobre lo que su inconsciente aún no asimila, y su psiquis, aún no termina de examinar. Ésta es la imagen psicológica de la tan mentada serie éxito de Netflix, “Gambito de Dama”, que tanto atrapa, pero con una pasión de multitudes que sólo ahora promete, promoción de juego.

Es claro, si se deja sobrepasar el medio campo de juego al oponente, es que el director técnico, algo no hizo bien con la formación. Así como en el balón pie, el entrenador mataría por perder con un buen diseño de juego, o mataría por otear la formación o las estrategias del contrincante, en el ajedrez soviético de antaño, no sólo no era diferente, sino que hasta te dabas de cabezazos por una mal esquema táctico, o por desaprovechar, una puerta de habitación o sala de hotel, de la que obtener información.

Si Beth Harmon (la protagonista de la serie) encarnada por una estupenda, Anya Taylor Joy (en el último capítulo) no se hubiera curado del personaje de Vasily Borgov (tras llorar amargamente la partida del Señor Shelbi en faldas de Jolene) no hubiera servido de nada, una puerta más (o una puerta menos) que hubiera quedado entreabierta.

“Gambito de Dama” es de esas raras joyas de tributación póstuma que rinden sentido homenaje a los que ya no están en el ajedrez, a los llamados Genios con justo y merecido derecho por las hazañas conseguidas, a los que después de la semana pasada, y por qué no también, hicieron “verdadero ajedrez”, en una cancha de fútbol. ¿Pero qué es “Gambito de Dama” (la apertura realmente) en zapatos o chuteadores, de jugador?

Mucho se ha escrito desde lo profano a lo divino sobre la serie (homónima de la apertura táctica de juego) pasando por reñidos debates que sólo la restringen intrínseca e injustamente, a sólo temas de género. Gambito de Dama es todo eso y más, un manual de bolsillo, si acaso.

Un vistazo relámpago a Combinaciones, Celadas, y Tácticas (tal y como demanda el seguimiento del estudio) pero en versión, Benny Watts (el campeón estadounidense en la serie) imbatible en simultáneas (varios tableros de turno) y si se puede en modo Blitz (15 minutos por lo bajo). Sin duda había que ser escritor, haber jugado ajedrez federado, y haber pasado por lo mismo que Harmon (la vida que Walter Tevis decidió regalar como parte de sí mismo, en la novela)

Técnicamente un Gambito de Dama en el tablero, te coloca ante una encrucijada (confías y aceptas) un peón blanco en escaque C4 ofrecido en sacrificio entre comillas (si juegas de negras) sabiendo que el del frente tiene un plan. A lo que “declinas” si estás en capacidad de resolver (desarrollar) después de mover E6 y D5, o incluso (contraatacar) si propones tu propio y nuevo Gambito (Contragambito de Dama)

Al recrear con punto focal (a un costado de esta nota) la codificación literal del conjunto aritmético antes expuesto (conocido como notación “Fen”) sería ideal que la serie no relegara en un clásico tránsito de fiebre y locura, con la pura partida del caballo inglés (como suele decirse) o  en este caso (más ad hoc) la partida o apertura española, Ruy López.

Todavía recuerdo una nota que leí por ahí hace algunos días en los medios, sobre el día en que minitableros reemplacen al crucigrama de la sección miscelánea, en los diarios. Garry Kasparov (el tan desaprovechado, “Ogro de Backu” en la prensa por estos días, y mismísimo consultor de la serie) sigue yendo a Islandia, cada que puede, a visitar la tumba de Robert (Bobby) Fischer.

El verdadero ajedrez es arte, y como arte, un breve destello de genialidad y visión momentáneas, como el amor (un don). Amar es talento también y se perfecciona con el tiempo. En el ajedrez del director, Scott Frank, no se desentraña este misterio, no hay más que un tácito intercambio de aprecio paternal, que el de una fotografía. Como buena fotógrafa, yo aplaudo por esa fotografía, felicito a los anónimos Shelbi de este mundo que vienen y se van en un parpadeo, y por un ajedrez que empieza a cobrar respetos serios, en las páginas centrales de los vivos.

 

Amparo Rogel

MadWomans Club – Chess.24