Una miniatura de relato dramático. Duro y para leer de un tirón en una tarde dominguera. La idea le surge al escritor español Arturo Pérez- Reverte del mural de Diego Rivera en el que se observa una mujer india llevando a sus espaldas un niño de ojos azules. "Pensé lo bien que reflejaba Rivera el mestizaje y me planteé si sería capaz de hacerlo yo en una pincelada corta, en un relato muy breve".
Y así nace "Ojos azules", protagonizado por un soldado de Hernán Cortés, que va huyendo de Tenochtitlán con el oro que se han robado de allí los conquistadores y que deja atrás a una amante de la originaria raza.
Como es tradicional en el lenguaje utilizado por Pérez- Reverte cuando se trata de soldados, éstos se expresan de poco docta manera y abundan más bien ciertas interjecciones. Pero le sale con gracia.
La codicia, la ambición, el miedo, la angustia y la crueldad están muy presentes y reflejan lo que pudo haber pasado en cualquier otra parte de la América invadida. Y el obligado mestizaje para bien o para mal, generado entre los que allí estaban y los que llegaron con las intenciones conocidas.
La noche triste de 1520, a todo hierro y a toda sangre en un relato efectivamente pequeño, de gusto a poco y que podría haber sido algo más generoso de letras. Y por cierto, para compensar en parte, muy bien ilustrado.