• 21 de Octubre

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Mark Twain nos lleva a orillas del rio Misisipi, a la década de 1840, cuando la esclavitud era legal. Nos hace acompañar en su vida a un adolescente huérfano de madre que malvive con su padre borracho, por lo que decide huir del pueblo en el que vive. Es Huckleberry Finn, uno de los personajes que conocimos en “Las aventuras de Tom Sawyer”, así es que podríamos decir que esta novela es una secuela de aquella.

En esta huida, llena de aventuras, se acompañará de Jim, esclavo fugitivo de raza negra, lo que, por cierto, es motivo de gran tensión en el relato. Ser esclavo fugitivo en esa época y lugar ya sabemos cómo se castigaba. Por supuesto, en algún momento se incorporará Tom Sawyer a las aventuras que son diversas, a veces divertidas y con la aparición de personajes especiales.

Mark Twain, notable y admirado escritor, que se ocupó en muchos oficios en su vida, marca diferencias en su época. Con su gran sentido del humor y prosa sencilla, como en el resto de su obra, en esta deja en evidencia con una crítica social bien puesta a la sociedad esclavista sureña y a la hipocresía moral imperante.

Refresca el valor de la amistad por encima del color de la piel y de otras consideraciones. Ya sabemos, Huck Finn y Tom Sawyer se hacen amigos de Jim, el esclavo fugitivo.

Logra también contagiar con el deseo de buscar aventuras, que Tom y Huck tienen muy desarrollado. Es un contagio que pega fuerte en la adolescencia, pero puede darse a cualquier edad. Además, Twain deja presente en el relato al maltrato infantil, la marginación y la esclavitud. Lo dice de una forma que puede quitarle dramatismo, pero deja huella en quienes leen con atención. Me imagino que, para su época, debe haber generado admiración o controversia y rechazo en los lectores.

Hay un repaso, además, de las normas de educación y convivencia. Ya sabemos que a Tom y a Huck no les gustan ciertos rayados de cancha. Huck dice, “Se pueden tomar prestadas las cosas si se tiene la intención de devolverlas alguna vez” Así no más.

Y al igual que en “Las aventuras de Tom Sawyer”, aquí encontramos una puerta para volver a la vida en el campo y al aire libre, en esa etapa de la infancia, donde está la patria primigenia.

Un clásico que sigue vigente, el que, si no se leyó en la niñez, hay que ponerle remedio, porque, como los viejos rockeros, envejece bien y se adapta a todos los públicos.