• 17 de Octubre

Sugeridos:


Transcribo un manuscrito en forma de diario de viaje que llegó providencialmente a mis manos:
“En mala hora decidí abordar este tren. Llevado por mi ánimo aventurero de vuelta de mi viaje a la India, decidí viajar por tierra a bordo de este Expreso, cruzando por el Medio Oriente y Los Balcanes rumbo a Calais. Tenía la premonición de que en el futuro sería difícil hacer esta ruta, porque habrá muchos líos, guerras y fronteras cerradas; y en un sueño que tuve visualicé que, incluso un país como Yugoslavia desaparecía. No sé si ocurrirá, aunque por eso quería disfrutar de este viaje, pero…surgieron los problemas.

Una maldita tormenta de nieve cruzando Yugoslavia, dejó varado el tren. Mis compañeros de viaje estaban muy impacientes. A mí no me generaba mayor problema porque podía leer en mi camarote aprovechando el contratiempo. Tenía en mi equipaje a “La llamada de lo salvaje”, de un tal London y “La vuelta al mundo en 80 días” de un señor de apellido Verne.

Pero entonces ocurrió algo muy terrible: una persona fue despachada a mejor vida en su camarote. La conmoción se apoderó de todos los pasajeros ¿Y quién diablos pudo haber cometido el crimen? Todos los que íbamos en ese vagón pasamos a ser sospechosos. Incluso a mí, un tipo pacifista y respetuoso me miraban con suspicacia.

Lo más angustioso fue la entrevista con ese señor que era detective o policía, Hércules Poirot me parece que se llamaba, y que se hizo cargo de investigar. Era un señor bajito con pinta de jubilado, con su cabeza en forma de un huevo y de bigote más tieso que perro en bote, que contrastaba con su nariz rosadita.

Tuve que explicarle donde había estado en cada minuto con lujo de detalles, hasta los libros me registró y le pareció sospechoso el título de uno de ellos, por eso de lo salvaje, a tal punto que casi me confesé culpable. Me sentí como las perdices al final de un cuento.

Ese señor, de acento belga sabía lo que hacía. Luego de tener a todos los pasajeros y potenciales sospechosos sudando como osos polares en un desierto, acertó de pleno con la persona culpable de manera magistral. Yo traté de adivinar quién había sido y tenía mis hipótesis, pero no anduve ni cerca. A este Poirot, parecía que uno podía verles sus células grises funcionando.

Como tomé unos apuntes sobre el caso, se los mostraré a Agatha, una amiga británica que escribe de estas cosas a ver si le interesa. Seguiré a Inglaterra y le propondré que escriba una novela de esas policiales y de misterio que se están poniendo en boga. A ver si me engancha, porque a veces se pone rara.

Y le hablaré de este señor Hércules Poirot, un personaje de novela, que puede servirle para escribir muchas obras, porque se las trae. A pesar de que no me da confianza. Parece que estuviera leyendo los pensamientos. Además, toma pura agua mineral.”

Dejamos hasta aquí este diario de viaje que trae otras anotaciones adicionales, que por pudor no voy a transcribir. Está firmado por un tal “John Charles Huelminus, arriba del Expreso en algún lugar entre París y Calais”, estando la fecha ilegible. ¿Cómo llegó este manuscrito a mi poder? Bueno, esa es otra historia.