Hoy por hoy, ante nuestros propios ojos, se está produciendo una silenciosa tragedia de grandes repercusiones y que afecta a lo más preciado que puede tener un papá o una mamá, a saber, sus propios hijos.
Es lo que afirma la conocida terapeuta canadiense Victoria Prooday al destacar el devastador estado emocional en el que se encontraría una significativa parte de la población infantil, donde los números que ella entrega sorprenden a toda persona –sea experta o no en Psicología– que se interese por este tema, números que se basan en datos acumulados en los últimos 10 años y que han sido entregados por diversos investigadores vinculados a estudios relacionados con el aumento sostenido de las enfermedades mentales de carácter infantil que están alcanzando grandes proporciones.
De acuerdo con los datos que entrega la terapeuta ocupacional Victoria Prooday en su artículo “La tragedia silenciosa que afecta a los niños de hoy” (“The silent tragedy affectig today’s children, en inglés”), las cifras serían las siguientes.
- Uno de cada cinco menores presenta problemas de salud mental de diversa naturaleza, desde estar afectados por una depresión, sufrir trastornos del ánimo, presentar ideación suicida, hasta el suicidio efectivo.
- Se ha producido un aumento de un 43% en la aparición del trastorno por déficit atencional con hiperactividad (TDAH).
- La depresión adolescente ha tenido un aumento sostenido hasta llegar a un 37% de alza.
- Se ha notado un aumento de más del 100% en la tasa de suicidios de niños entre los 10 a 14 años, lo cual, representa una verdadera tragedia social y humana.
En función de las estadísticas arriba señaladas, la pregunta que surge en forma natural es: ¿qué es lo que como sociedad y, por cierto, como núcleo familiar, estamos haciendo mal o de manera errónea?
La respuesta que nos entrega Prooday es la siguiente: los niños de hoy estarían siendo “sobre-estimulados y sobre-regalados de objetos materiales”, pero estarían siendo “privados de los requisitos y fundamentos de una de una infancia sana”, tales como:
(a) Ausencia de papás y mamás que estén emocionalmente disponibles para los menores y que puedan escuchar –y atender– las necesidades de sus hijos de una manera integral, (b) la ausencia de reglas y límites que estén claramente definidos, acerca de aquello que pueden o no hacer los niños, dentro de un marco de respeto mutuo, (c) entregar a los menores una nutrición equilibrada, así como también favorecer un sueño adecuado que no sea interferido por una preocupante adicción de niños y adolescentes al uso de aparatos tecnológicos y teléfonos celulares, (d) motivar e incentivar en los niños la práctica de deportes, así como también la realización de actividades al aire libre, (e) fomentar el juego creativo con otros menores, propiciando la interacción social, y dando oportunidades para la práctica de juegos no estructurados y más libres, de modo que sean los propios niños, quienes se las ingenien para armar juegos y establecer –con el acuerdo de todos los participantes– sus propias reglas de juego.