• 16 de Octubre

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La importancia de una madre cariñosa… ¡no existe nada mejor!

Dr. Franco Lotito Catino

Conferencista, escritor e investigador (PUC)

 

 “La vida no viene con un manual de instrucciones: viene con una… mamá”.


Existe un principio en Psicología que señala que los niños bien tratados y que crecen experimentando el afecto, el amor y el cariño de sus madres se desarrollan más sanos física, cognitiva y emocionalmente y, en promedio, tienden a ser más inteligentes que aquellos infantes que no son tratados con afecto ni cariño materno, condición a la que se suma, por supuesto, la figura paterna, quien cumple un rol fundamental en el desarrollo integral del niño. En este sentido, se habla del “triángulo familiar”: hijo, madre y padre.

Este es el punto de partida del Dr. Jorge Barudy, quien, en su libro titulado “Los buenos tratos a la infancia: parentalidad, apego y resiliencia”, destaca que aquellos niños que viven en contextos de amor y afecto desarrollan diversas capacidades y habilidades que les permiten superar y enfrentar con éxito  adversidades en cualquier etapa de sus vidas.

La relevancia del amor maternal puede ser desglosada en tres aspectos complementarios:

  1. Desarrollo cerebral: las muestras de cariño por parte de la madre estimulan las capacidades emocionales e intelectuales desde los primeros meses de vida del niño.
  2. Apego seguro: los cuidados de una madre afectuosa incluyen la entrega incondicional de cariño, de protección y estimulación temprana. La reconocida novelista y escritora inglesa Agatha Christie aseguraba que “El amor de una madre por un hijo no se puede comparar con ninguna otra cosa en el mundo. No conoce ley ni piedad, se atreve a todo y aplasta todo cuanto se le opone”.
  3. Inteligencia, capacidad cognitiva y salud: los niños que son bien tratados y que desarrollan un sano vínculo maternal, crecen más sanos y muestran un mejor desarrollo cognitivo en comparación con aquellos otros niños que crecieron con falta de afecto y muestras de amor.

De ahí, entonces, la vital importancia que tiene la presencia de una madre cariñosa y afectuosa en el entorno infantil desde que éste nace. Se sabe con certeza, que el afecto materno resulta ser imprescindible en los primeros meses de vida de un infante por la estrecha relación que éste tiene con el desarrollo del cerebro y de algunas de sus capacidades más relevantes, sean éstas de tipo intelectual o emocional. La corteza frontal de un bebé llega a ser muy activa metabólicamente entre los seis y los 24 meses, y puede estar muy involucrada en los primeros desarrollos de carácter emocional y cognoscitivo, por lo tanto, la falta de experiencias y estímulos en esta etapa clave del desarrollo  infantil puede  influir negativamente en el sistema de los circuitos emocionales.

Hoy se habla mucho de la “neuroplasticidad del cerebro”, es decir, la capacidad que tiene este órgano para inducir cambios en cualquier etapa de la vida. Sin embargo, hay períodos en la vida de un bebé, en los que si no se producen ciertos estímulos vinculados, generalmente, al amor, afecto y cariño de una madre –o de un padre– afectuoso, se producen una serie de alteraciones, trastornos y pérdidas que, posteriormente, se dificulta recuperar o revertir.