El juego en sí, es la “principal herramienta que tienen los niños a disposición con el fin de relacionarse con otros menores, de desarrollar su empatía, de aprender a respetar turnos, a compartir con los demás”, etc., algo que no sucede con los juguetes o medios tecnológicos, ya que lo que hace el menor es competir consigo mismo buscando mejorar los puntajes obtenidos en un juego, pero es incapaz de autorregularse, ni de inventar o ser creativo, tal como sucede con los juguetes tradicionales.
Si bien es cierto, que los llamados “dispositivos, juegos o juguetes tecnológicos” pueden contribuir al desarrollo de ciertas habilidades en los niños, tales como la coordinación psicomotriz, la concentración en aquello que se está haciendo, o bien, mostrar cierta tolerancia a la frustración, también es cierto, que uno de los principales efectos nocivos que ha sido detectado y estudiado por los expertos en el tema, “se relaciona con el escaso desarrollo de las destrezas sociales”. Al respecto, se produce la siguiente primera contradicción: aun cuando las familias intentan ser más unidas, cada vez compran para sus hijos –y para ellos mismos– más juguetes y aparatos tecnológicos con la finalidad de que cada cual se entretenga por su propia cuenta.
Un sondeo realizado por la Agencia de Medios MindShare detectó que más del 80% de los niños declara ocupar por las tardes –e incluso por las noches– su teléfono celular inteligente, el PC con Internet, la consola de Play Station u otros medios digitales relacionados con las redes sociales. En tanto que el 94% de los menores declaró usar el computador a diario, luego de la jornada escolar.
De acuerdo con los estudios, muchos niños menores de 13 años están chateando con diversas personas –incluso desconocidas– o bien, con algunos de los programas de chat-GPT, otros adolescentes de 15 años están accediendo a sitios de pornografía para adultos o haciendo apuestas en línea, niños de 5 años están jugando videojuegos o viendo cartoon en TV cable, en tanto que el papá mira las noticias o una película y la mamá circula por la casa hablando por su celular. A lo anterior se suma el siguiente hecho: en una encuesta realizada por UNICEF y Adimark se constató que –ya sea por temor o por comodidad– cada vez menos niños salen de sus casas a jugar y sólo alrededor del 20% juega en las calles, en las plazas o en lugares al aire libre.
Llegados a este punto, es preciso señalar que el gran problema de los niños no son los juguetes tecnológicos, sino que el abuso que se hace de éstos, ya que en un contexto donde la supervisión parental está, prácticamente, ausente, se produce una segunda gran contradicción familiar: los niños están solos, pero con los padres al interior del hogar. ¿La razón? Demasiado a menudo, los padres llegan cansados luego de largas jornadas de trabajo y la interacción que tienen con sus hijos no es de calidad ni tampoco muy afectiva, ya que la mayoría de los padres se preocupa por la comida y de que los hijos hayan hecho las tareas para el colegio, pero no así del juego ni de lo que hicieron con sus dispositivos electrónicos.
Muchos padres señalan, abiertamente, que pasan muy poco tiempo con sus hijos. En relación con esta realidad, una encuesta parental dejó al descubierto una cruda realidad: alrededor del 50% de los adultos reconoció que una parte importante de la infelicidad de sus hijos se debía, en gran medida, al poco tiempo que pasan con ellos.