Opinión

Canto a la mujer chilota

El Heraldo Austral

Por Juan Dougnac

Hoy canto a la mujer chilota

a la que tiñó mi manta con el limo negro de mi azul estero.

A la de trenzas largas, la de cara blanca y del perfil hispano,

y la que lleva altiva en su rostro impreso

la morena marca del indiano abuelo.

 

Mujer campesina hecha de esperanza de largas esperas,

de la carne ansiosa por el hombre ausente,

de curtida mano que agrietó el gualato.

 

Canto a la mujer chilota,

la que vi en las playas en atardeceres y al clarear la aurora,

a la que trazó mis surcos con gastado palde en la rubia arena.

 

La que vi en velorios, la que vi en las mingas,

la que vi inclinada en los prietos surcos de verdes papales.

La que vi en la selva tras la yunta mansa,

la que vi remando en la mar bravía.

 

Mujer campesina, la de ancha sonrisa, la de enagua blanca y de reboso oscuro,

la que vi tan sola reemplazando al hombre

que en la pampa helada del coirón amargo buscaba el sustento.

La que vi tan tierna acunando al niño,

la que vi tan fiera defendiendo el suelo.

 

Canto a la mujer chilota hecha de tormentas que creció en la lluvia,

la de pie descalzo, la de negra bota.

 

Canto a la mujer de Quemchi, de Compu, Chaulinec, Melinka,

la del dulce abrazo, la del brazo fuerte.

En fin, hoy canto a todas las mujeres de chilotas tierras, de la isla grande, de Lemuy, Chaitén.