“La violencia es el último refugio del incompetente” (Isaac Asimov, escritor y profesor de Bioquímica en la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston).
Así lo confirman numerosos estudios publicados en diversas revistas científicas de Neuroendocrinología y de Desviaciones Psicopatológicas, estudios que analizaron la conducta, reacciones e indicadores biológicos en miles de niños entre los 8 y los 13 años de edad, con resultados que –a la vista del comportamiento violento, desproporcionado y, en ocasiones, con características delincuenciales–, ya no sorprenden.
Esto explicaría –por lo menos, en parte– diversos casos de muerte por disparos de adolescentes participando en violentos portonazos y asaltos, así como el caso del menor de 14 años que golpeó y mató a su propia madre, y no por el hecho de estar afectado –supuestamente– por el Síndrome de Asperger, o de un adolescente de 17 años que recientemente apuñaló en el cuello a otro escolar de 16 años afuera de un liceo.
Un estudio de la Universidad de Pennsylvania que fue dirigido por la Dra. Elizabeth Susman, se focalizó en cómo los cambios neuroendocrinos se relacionan con cambios en las emociones y en la conducta antisocial durante la transición reproductiva y, específicamente, durante la pubertad. El dilema radica, en que si hace diez años, el promedio de inicio de la pubertad en los hombres era alrededor de los 12,5 años, hoy esa edad se ha reducido a 11 años, en tanto que en países considerados “desarrollados” –como Estados Unidos–, la edad promedio del inicio de la pubertad masculina se ha reducido a 9,7 años, con todos los problemas familiares, sociales y criminales que ello implica, los cuales, debido a su magnitud resultan cada vez más difíciles de prevenir y controlar. Hay que tener presente que en Estados Unidos son muchos los jóvenes escolares que han protagonizado mortales tiroteos en sus respectivas escuelas, donde han muerto numerosos estudiantes y profesores.
Los indicadores apuntan a un hecho que no podemos dejar de observar con atención y gran preocupación: el inicio adelantado de la pubertad está influyendo en el incremento de las conductas antisociales en los niños, debido, principalmente, a que sus cambios físicos no van a la par con los cambios de maduración que se producen en su estructura cerebral, por lo cual, a los niños les cuesta mucho más controlar las conductas agresivas y violentas que se producen a raíz de los cambios hormonales que están experimentando.
El segundo problema, es que la edad de inicio de la pubertad también afecta a las niñas, lo que ha provocado, que en las últimas dos décadas, la edad promedio de inicio del desarrollo reproductivo se haya reducido en un año, es decir, desde los 10 años promedio a sólo 9 años. La particularidad de este fenómeno, es que se presenta por igual en todos los estratos sociales y estaría gatillado por el aumento del sobrepeso infantil, por la ingesta de hormonas femeninas a través de diversos alimentos, así como por la presencia de sustancias químicas en el ambiente derivadas de plásticos, insecticidas, herbicidas y metales pesados.