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La “Mística” de ser un Bombero.

El Heraldo Austral

Mi historia comenzó en el año 1981, siendo un niño de 6 años de pantalón corto cuyo tesoro era la bicicleta, la pelota de fútbol y los entrañables amigos del barrio.
  En ese año mi padre y un grupo de amigos y vecinos fundaron la compañía de bomberos de nuestro sector, casualmente los mismos padres de mis entrañables compañeros de bicicleta y pichangas de plazoleta.
Tengo que admitir que el fuego y los incendios me daban terror. Escuchar el llanto tenebroso de la sirena de incendios en plena madrugada, no se podía parecer menos a una angustiosa pesadilla.
  Escuchar que mi padre se levantaba raudo para salir a combatir el fuego me hacia esconder bajo las tapas de mi cama con miedo, sin contar la angustia de mi madre que se quedaba con la luz encendida, en silencio y angustiada hasta que vuelva su amado viejo.
  Así pasaron unos años escondiéndome bajo mis tapas cada noche que mi padre nos dejaba en casa, para salir al llamado de tan espeluznante y eterno llanto de sirena.
Recuerdo de niño los regalos del pascuero; carros bomba de juguete, uno y otro cada navidad. Lógico, se venía el adoctrinamiento, la idea que no me hacía muy feliz. Es verdad, yo no quería ser bombero.
Mis abuelos y tíos por parte de mi padre y madre todos….SI.., todos eran bomberos. Por lo que el  futuro tenía deparado para mí lo que menos quería y lo que más me daba miedo, pero todavía no me daba cuenta.
  Un poco más grande, pero todavía un niño de entre 10 y 12 años, ya estaba más acostumbrado y con mi pandilla de barrio, todos hijos de los bomberos de nuestro sector, hacíamos polvareda con nuestras bicicletas en las calles de ripio para corretear el carro de bomberos cuando había incendio y ver trabajar a nuestros héroes, nuestros Dioses, nuestros Padres.
  Durante los años que siguieron, mi padre me subía a su camioneta para que lo acompañe los sábados al cuartel y así jugar en su viejo y oxidado pero hermoso carro de bomberos. Debo admitir que me entretenía mucho soñando que salía a un incendio parado en el parachoques trasero del carro de bomberos. El adoctrinamiento estaba comenzando a dar resultados.
Un día llegando del colegio y a poco tiempo de cumplir los 16 años me encontré en mi habitación una hoja de oficio escrita a máquina y que debía firmar. La hoja que inevitablemente se cruzaría en mi camino en algún minuto. La solicitud de ingreso de “Voluntario” para ser parte de la compañía de mi barrio. Si, es verdad, no fue muy voluntaria la cosa.
  Una vez siendo parte de ellos ya todo era distinto. Conocí  la realidad que hay detrás de las familias que sufren el dolor de perderlo todo, el sufrimiento de familias pobres cuando se inundaba su pequeña casa con piso de tierra debido a las incesantes lluvias de invierno. Vi llorar a gente humilde.
Mi vida cambió.
  Ahora éramos dos los que nos levantábamos cuando ese maldito y angustiante llanto de sirena rompía el silencio de la madrugada. Ahora éramos 2 los que salíamos raudos a combatir incendios como padre e hijo, y ahora éramos 2 las preocupaciones de mi amada madre que angustiada esperaba en silencio que volviéramos a casa.
  Recuerdan a mis amigos del barrio?, los de la bicicleta y pichangas de fútbol de plazoleta?.  Bueno, ellos también fueron adoctrinados con éxito por sus padres y ya no éramos compañeros de juego, ahora éramos compañeros y hermanos de casaca. Bomberos.
  Con el tiempo se sumaron mis compañeros de colegio que  vivían también en el mismo barrio y otros que tenían que correr un poco más al llamado de la sirena, pero todos también entrañables amigos. Como anécdota, ellos adoctrinaron a nuestro profesor de Historia, y hoy es nuestro Superintendente.
  Cada vez me sentía más orgulloso de ser Bombero, de ayudar a mi prójimo, de compartir ideales tan nobles como servir a quien más lo necesita.
  Los años fueron pasando y el amor por mi compañía e institución cada vez era más fuerte. Los valores de amistad, compañerismo y respeto que nos inculcaron los más viejos dentro de mi Compañía jamás desaparecerán. Vestir mi uniforme era lo más emocionante y valórico que pude haber hecho en mi vida.
  Pero vestir mi uniforme no siempre fue motivo de pasión.
  El momento más doloroso de mi vida también lo viví con mi uniforme puesto, pero esta vez no fue en una emergencia, sino para formarme en la fila junto a mis camaradas para despedir a mi mentor, mi único héroe, mi compañero con el que nos levantábamos en la madrugada al llanto de la sirena. Mi Capitán, mi Padre.
  Ese fue mi peor día como Bombero, pero siempre estaré agradecido por regalarme esta gran pasión y el amor que siento por mi casaca.
Luego me tocó con el mismo uniforme despedir a otros grandes camaradas y compañeros de ideal. Mi tío y mi abuelo.
  Hoy tengo más de 25 años de servicio, soy voluntario honorario del Cuerpo de Bomberos de Puerto Varas y orgulloso de mi historia familiar sirviendo a mi comunidad.
  Recuerdan nuevamente a mis amigos del barrio?. Si, ellos también ya son bomberos honorarios, aunque algunos también ya tuvieron que despedir a sus propios héroes, mentores y padres que viajaron a su cuartel celestial.
  Comparto esto para que sepan que detrás de un bombero hay una historia, una pasión, una entrega incondicional a su comunidad que no siempre se conoce. Somos anónimos que ayudamos a todo quien lo necesite, sin importar raza, credo, nivel social o ideología.
  A mis camaradas bomberos de compañía los siento como una familia, hermanos, camaradas que amamos nuestra pasión y todos, cada uno de nosotros, sintiendo el amor de servir al prójimo. Y eso señores, eso es la “mística” de ser un Bombero, cuando el amor a algo te produce un placer espiritual.
 
  Quiero dedicarle esta historia a quienes fueron nuestros líderes, héroes y mentores que fundaron la compañía de bomberos de mi barrio y que hoy ya no se encuentran con nosotros.

  Vol. Jaime Brintrup Meeder
  Vol. Helmut Ellies Hot
  Vol. Alejandro Schröder Cavada
  Vol. Kurt Paschke Bechtold
  Vol. Jorge Schröder Cavada
  Vol. Javier Cañas Vargas
  Vol. Arturo Schröder Kiessling
  Vol. Federico Follert Münzenmeyer

  A todos ellos, muchas gracias….
  C.F.S.