• 23 de Octubre

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Al llegar a su casa, Herminio me saluda con la calidez de siempre…Hola Carliño! Como te va? ¿Así que me quieres hacer unas fotos? Con una memoria envidiable, Herminio comienza a hablar de sus primeros trabajos, como se inició en la sastrería. “Yo comencé de aprendiz y me interesó el oficio, finalmente pude mantener mi familia”, me dice. Herminio puede recordar fechas, lugares y direcciones de lugares que nadie más recordaría hace casi 80 años. ¿Qué es lo que hace que recordemos lugares, momentos y personas con tanta lucidez? Pocas veces he encontrado personas que puedan recordar tantos detalles pasado los ochenta años. Es una interesante interrogante considerando que olvidamos con facilidad algunos detalles, pero otros los llevamos grabados a fuego. Sin embargo, he llegado a la conclusión que es el amor por lo que hacemos, la dedicación, el interés real y la pasión lo que nos hace mantener vivos esos detalles que para otros serían insignificantes.

El maestro me muestra con orgullo sus utensilios para la confección de sastrería.  Planchas, máquina de coser, pequeños moldes que le ayudan en el corte de las prendas. Me cuenta también que la sastrería fue cambiando con el avance del tiempo. Mucha gente se mandaba a hacer sus trajes, pero con el avance de la industrialización y Prêt-à-porter (listo para llevar) de las multi tiendas, ya no fue imprescindible el trabajo del sastre, como muchos otros oficios. Sin embargo, personas con medidas especiales y gente de buen gusto, siguieron requiriendo su trabajo.

Pero su gran pasión sin duda fue la música, integrante de muchas agrupaciones, Entre ellas, “Los rítmicos del sur”, agrupación que nació allá por los años 50 y que amenizaban las fiestas de la cuenca del lago.

Tuve La fortuna de conocer a Herminio en la Banda Instrumental Municipal de Puerto Varas, donde él tocaba el clarinete. Con la dedicación que siempre lo caracterizó, Herminio también fue el secretario de la Banda, donde me cuenta anécdotas y me muestra con orgullo el libro de actas y la formación de los músicos, donde para mi gran sorpresa se encuentra mi abuelo Luis Alberto Gutiérrez Klenner, Tocando el “Bajo chico”.

Herminio Marín no fue solamente un músico, también fue un hombre solidario, buen vecino. Así pues, pudo también formar parte de la Cruz Roja de Puerto Varas, institución de voluntariado que llevó consigo durante muchos años.

Sin duda vamos a extrañar a Herminio, un hombre solidario, talentoso, amable, amado por su familia y amigos. Pero se merece su descanso. Su longevidad le permitió dejar un hermoso legado, lleno de buenos ejemplos, esa sonrisa entrañable, siempre respetuoso y amable. Un tesoro cada vez más escaso.

Adiós viejo lindo.