Se aprueba el rechazo, se rechaza el apruebo

Por: Pablo HÜbner


"Todas las personas que se nos parecen son ‘nosotros’, y todos los demás son ‘ellos’". La frase es de Rudyard Kipling. Esta semana se cumple un nuevo aniversario del resultado del primer proceso constituyente. En Puerto Varas este debate se tomó las calles, las redes sociales, los grupos de WhatsApp. Los argumentos convivían con las caricaturas. Ofender y argumentar era parte de una dinámica cotidiana y polarizante. En nombre de la dignidad, en más de una oportunidad se vulneró la dignidad.

Lo que vivió la comuna, la región y el país durante los últimos años será materia de estudio para las pruebas de historia. En aquellos años se elevó la idea de que el pueblo unido avanza sin partidos, que la moderación era una renuncia de principios y que una posición firme era una postura honesta. Puerto Varas tuvo marchas, conversatorios y manifestaciones. El comercio local del centro estaba todo enlatado, ante el temor de que manifestantes rompieran las vitrinas. La iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, emblema de la comuna, fue amenazada de incendio.

La plaza se llenaba de activistas entusiastas que se paseaban entregando lo que entonces llamaban “información”, pero que muchas veces era una interpretación destinada a fortalecer una posición. La crítica a la política también fue una forma de hacer política. La elección municipal del 2020 estuvo marcada por este proceso. El diagnóstico era que los políticos tradicionales ya habían tenido la oportunidad, no la habían aprovechado, por el contrario, se habían aprovechado de ella. La supremacía moral se elevaba ante la ausencia de experiencia en el ejercicio de cargos públicos, como si esa condición fuera una garantía de buen comportamiento, de genuina moral y de virtud. Algo que hoy algunos amigos y conocidos de aquel entonces pueden comprobar desde la vereda del funcionario.

En el debate municipal entre candidatos para el cargo de alcalde del año 2020, el candidato Tomás Gárate le dijo al candidato Luis Becerra que él ya había tenido la oportunidad de cambiar la comuna, y que no la había aprovechado. Insistió en que su amplia experiencia pública y municipal era una señal de su fracaso en lograrlo. En la elección municipal del 2024, Tomás Gárate grabó videos en apoyo a la candidatura para el cargo de CORE de Luis Becerra, quien obtuvo el cargo. ¿Cómo se explica un apoyo tan directo, luego de una respuesta tan dura, en tan corto tiempo?

La respuesta, probablemente, es más sencilla de lo que parece: política. La política en el sistema democrático requiere de la unión, los acuerdos, los pactos y del entendimiento. La política también exige amplitud cuando se quiere gobernar. Algo que la derecha en Puerto Varas no logra entender. No son capaces de ponerse de acuerdo. No logran construir liderazgos fuertes y más allá de sus frecuentes quejas en los concejos municipales, en las redes sociales, y en medios de comunicación que han adquirido de manera parcial o total, no ofrecen una propuesta real, ni una mirada local consistente. No parecen tener un plan con mirada de futuro. Se dividen para criticarse mientras también critican a los demás. Un cerro de opiniones, muchas de ellas recargadas de lugares comunes. Crecer por hundir a la contraparte siempre ha sido una manera triste de crecer.

Hoy se ve un Puerto Varas diferente. El movimiento Transforma, si acaso aún existe, más allá de que diga existir, parece haber aceptado que ya no tiene la fuerza de entonces. La vocación de cambio ha madurado hacia la idea de la gradualidad, bajo el individualismo de un liderazgo fantasma que dice ser una comuna entera. Capaz de trabajar con todos, pero condicionado por las cadenas de con quiénes se puede y con quiénes no. Así, se explica la diferencia en la relación con el municipio de Puerto Montt y el resto de municipios de la cuenca. Así se explica el silencio.

En el relato se suele decir una y otra vez que se está transformando la comuna bajo una mirada de largo plazo, sobre la que destacan distintas obras, encuentros, y los viajes patrocinados por la filantropía de la máxima autoridad comunal. Y claro, hay obras relevantes: el hospital, el cerro Philippi, el plan de pavimentación, nueva semaforización, la emblemática obra de la costanera, entre otras obras que financiamos todos los vecinos, incluidos los sueldos de las autoridades. Puerto Varas no tiene Navidad todo el año, por mucho que las obras se entreguen como regalos que celebran a quien los entrega.

En septiembre todo vuelve al país y la bandera. ¿Cuál Chile? ¿El de todos? Hoy se aprecia esta tensión entre los liberales, iliberales, conservadores y progresistas, en un encuentro que tiene mucho más zapateo que baile, bajo una semántica catastrófica de gobierno de emergencia, reconstrucción y reforma. La oposición aún no existe del todo. Intenta, pero no consigue una voz, menos una adhesión. Entre tanto, los liderazgos de todos los sectores parecen haber concedido lo más evidente, para lograr avances hay que ponerse de acuerdo. Hablar, juntarse. Pero, tanto entre ellos, como con los demás, todo carga un relativismo que en nada ayuda a construir certezas en tiempos de crisis.

Luego de años controversiales, estallido social, dos procesos constituyentes, y una tremenda pandemia: ¿Hay polarización en Puerto Varas? ¿Nosotros? ¿Ellos? Transformación y recuperación se presentan como proyectos antagónicos, pero pueden ser parte de una misma lógica: la necesidad de construir un nosotros frente a un ellos. Al menos septiembre se conmemora bajo la misma bandera. ¿Es así? ¿Otra vez depende? Viva Chile.

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