Reflexiones para este 8M: El “tercer tiempo” que no todas pueden jugar

Por Claudia Huber



El “tercer tiempo” en el deporte se refiere al momento posterior al partido, cuando los equipos comparten y conversan, espacios donde se generan relaciones informales en las cuales se construyen contactos y oportunidades que pueden tener impacto en la trayectoria profesional, en las redes y contactos que abren puertas.

  
¿Quiénes pueden estar en ese tercer tiempo? En Chile los hombres destinan en promedio 2,7 horas diarias al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados. Las mujeres 5,9 horas. Mas del doble. (Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo, INE). El networking requiere tiempo. Mientras algunos están en la cancha, otras están organizando la logística de la vida. Y no se trata solo de maternidad. Se trata de adultos mayores, gestión del hogar, carga mental, coordinación invisible. En Chile, la participación femenina en directorios de grandes empresas aún bordea el 15%–20% (Comisión para el Mercado Financiero). En presidencias de directorio, la cifra es menor.

El acceso a posiciones de liderazgo sigue concentrado. No porque falte talento, sino porque el acceso a redes informales no es neutro. El “tercer tiempo” no aparece en las estadísticas, ya que la desigualdad no siempre es explícita. A veces es una agenda invisible. Mientras no abordemos la economía del cuidado y la corresponsabilidad, el “tercer tiempo” seguirá siendo un privilegio. Este 8M no se trata de cuestionar que existan partidos de tenis, campos de golf o after office. Se trata de preguntarnos: ¿Cómo redistribuimos el tiempo de cuidado? ¿Cómo hacemos más transparentes las oportunidades? Por ahora, el talento seguirá perdiéndose antes de llegar a la cancha.

 

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