[OPINIÓN] "Entre cuarentenas en Puerto Varas", por Pablo Hübner
Ya nadie habla de la nueva normalidad porque ya no es nueva. Desde hace meses el mundo, el país y la comuna, viven bajo el escenario de pandemia. La novedad se hace costumbre y lo provisorio se hace permanente. Así, los negocios comerciales separan el aire con micas de plástico, mientras las personas esperan su turno en la calle. Los vecinos de Puerto Varas se juntan en las filas con los vecinos de otras comunas. Todos juntos prolongan las filas en cada cuadra, configurando una forma muy cercana de distanciamiento social.
Los vecinos de las comunas en cuarentena de la región de Los Lagos ven en Puerto Varas la oportunidad de atender sus trámites más urgentes. También vienen para compras urgentes, paseos y helados urgentes. Coincide que en Puerto Varas se ve mucha gente haciendo su vida como si nada. Es como un espíritu navideño prematuro. Eso sí, con mascarilla como nuevo código de vestimenta. Algunos con la nariz descubierta, otros no, eso es como más personal. Antes de entrar a un negocio te toman la temperatura y/o te hacen pisar una esponja húmeda y eso parece adecuado para la situación.
Mientras, los números de contagios anunciados periódicamente por las autoridades saltan como bolita en una ruleta. Un día 28. Otro día 4. Luego, 17. Un día cero. Oh sí, cero. El próximo puede ser 32, o 2, o 23. Mientras, otro anuncio frecuente, sigue la cuarentena en Puerto Montt, la capital regional. Esto ha tenido y sigue teniendo impactos para la comuna de Puerto Varas, al igual como las cuarentenas de otras comunas en la región.
Basta ver cualquier día de la semana la fila que parte en la puerta de tiendas como Dolly o Bata. Para los fines de semana con sol, junto al atardecer, kilómetros de autos,
creando un taco de película en el retorno de la ruta hacia Ensenada.
El impacto de que Puerto Varas sea un paraíso de libertades, en una región en que abundan las restricciones, no cuenta con mucha estrategia de contención. Parece ser cosa de horas para que las cifras se disparen y la comuna se sumerja en su propio proceso de cuarentena. Parece que no hay manera de prevenir esta situación ante el aumento de población flotante que viene de otras comunas en cuarentena. Esto, a pocas semanas de que se inicie la temporada alta de turismo.
El turismo, una de las principales actividades económicas de Puerto Varas, espera el rayado de cancha de una temporada 2020 – 2021 que probablemente será compleja. Entre los nuevos protocolos y la baja demanda internacional, la perspectiva no refleja la necesidad.
Esto se junta con la sensación de que las medidas implementadas por la autoridad, además de costosas y molestas, parece que no funcionan tanto. Muchos no se explican cómo es que Puerto Montt vive más de 100 días de cuarentena, mientras su vecino más cercano, Puerto Varas, hasta el momento, lleva cero días de cuarentena. Hasta Frutillar tuvo que vivir su propia cuarentena, y eso que ellos invirtieron en cordones sanitarios municipales para intentar evitarla.
Ante la ausencia de un plan de contención, se juntará el desborde que produce las cuarentenas en las comunas que no tienen cuarentena, con los turistas. Esto no es menor. Tal vez es tiempo de pensar la estrategia.
Por: Pablo Hübner
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